La verdad de los megaproyectos

El gobierno peruano ha venido anunciando en los últimos años la construcción de enormes obras de infraestructura por todo el territorio nacional. Represas en la selva, irrigaciones en la costa y carreteras que nos unen con Brasil, generan un aparente entusiasmo de la gente y muy pocos se preguntan cuáles son los reales impactos económicos y sociales que generan. Las empresas y consorcios formados para emprender la construcción de estos proyectos dan la imagen de generar empleo y desarrollo por donde pasan, invisibilizándose en muchos casos deterioros de dinámicas ambientales, sociales, comerciales y económicas preexistentes. Javier Torres, director de noticias de la Asociación SER, quien sigue de cerca varios de estos megaproyectos comparte con LA PRIMERA muchas de sus preocupaciones.

Por Diario La Primera | 08 ago 2010 |    
La verdad de los megaproyectos
(1) Javier Torres alerta sobre los peligros de los megaproyectos. (2) La carretera Transoceánica daña el medio ambiente de numerosas comunidades.

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Es impresionante porque cuando uno ve la infinidad de conflictos que hay en el Perú, hay muy pocos ubicados a distancia de una capital que genera la reacción de la misma. Inambari es uno de los pocos conflictos en el Perú, sino el único, que ha generado que la población urbana de Puno respalde a esas 8 mil personas que van a ser desplazadas porque la gente urbana sabe que eso la afectará también. La empresa puede decir muchas cosas, pero no tiene respuesta.

-¿Cuáles son los megaproyectos que le generan mayor preocupación y por qué?
-Un primer paquete de proyectos que nos preocupa es el vinculado al Acuerdo Energético Perú – Brasil. Estamos haciendo el seguimiento al proyecto del complejo hidroeléctrico de Inambari, y observando el de Paquitzapango que van a impactar fuertemente en la selva.

Un segundo paquete de proyectos tiene que ver con los gasoductos que se construyen para el traslado del gas natural, lo que han tenido muy poca atención de la prensa e incluso de la propia sociedad civil, que se han centrado más en Camisea o Melchorita. Casi no se ha seguido lo que está pasando en el proceso construcción de los ductos. Ahí hay una serie de problema con los consorcios TGP y Peru LNG.

Asimismo, vemos el paquete de obras relacionadas al proyecto Olmos. Por ejemplo, el trasvase que se está construyendo por la empresa Odebrecht.

Todos estos proyectos son presentados por el gobierno peruano como un importante aporte al desarrollo, a la generación de renta, y a la transformación de las realidades adyacentes, normalmente zonas rurales empobrecidas.

Sin embargo, vemos que un patrón común que une a todas estas iniciativas es la escasa información sobre los procesos de negociación y suscripción de contratos de concesión con las empresas encargadas de la ejecución de las obras. Muy poca información, muy poca transparencia. Los gobiernos regionales y las poblaciones de los territorios donde se van a desarrollar los proyectos y donde se supone que se van a dar los beneficios, no son informados. Los gobiernos locales y localidades mucho menos.

Las autoridades y la misma población se enteran de los proyectos, cuando viene la empresa a hacer los estudios de impacto ambiental, como ocurrió en Inambari por ejemplo.

-¿No hay consulta a las comunidades afectadas?
-No existen mecanismos reales de consulta. Es cierto que hay empresas que hacen talleres informativos o asambleas con las comunidades. Eso no se puede negar. Lo hemos visto por parte de Egasur (encargada de la represa de Inambari) y también en lo de los ductos del gas. Pero son muchas veces espacios controlados y manejados por las consultoras contratadas y donde simplemente la población opina, habla o pide cosas. Hay lugares en donde la población piensa que estas actividades informativas son espacios para plantear su agenda local y plantea todas sus demandas. En general, desde el lado de las empresas y del gobierno no se da impulso a la participación y consulta. Estos eventos se convierten en espacios donde un privado va con la idea de promocionar un proyecto. Es decir, se reduce la participación a un mero marketing empresarial.

Además, cuando empiezan los tratos con la población, en temas como el de tierras, contraprestaciones por arrendamiento o venta, resulta que los términos de la negociación siempre son asimétricos. La empresa normalmente aprovecha el hecho de que no tenemos un mercado de tierras organizado y entonces, las tasaciones y valorizaciones son hechas con criterios muy arbitrarios y que siempre terminan perjudicando al poblador, al comunero, al nativo, al indígena o al campesino que se ve afectado por el proyecto, y que va a tener que desplazarse o convivir con el proyecto. Definitivamente, son relaciones asimétricas que aparentemente están en el marco de la ley. Se cumple con la ley, pero lo cierto es que la gente no cuenta con toda la información como para tomar una decisión

En resumen la balanza esta inclinada hacia los intereses de la empresa

-En la lógica de costos y beneficios, se dice que siempre los costos sociales que se puedan generar son menores a los beneficios económicos que podemos tener como país; que después de sumar y restar salimos ganando con estos megaproyectos, ¿es así?
-El discurso de algunas empresas y del gobierno es que se genera una mejora de vida de la población por dos vías. La primera es en términos de renta. Se le dice a la gente que va a haber canon y el canon va a generar el desarrollo de la región, en el entendido que el desarrollo se reduce a la construcción de obras públicas.

La segunda línea de argumentación, es que la presencia de una empresa como Odebrecht o Egasur, por ejemplo, genera una dinámica económica que permite que con su sola presencia se generen puestos de trabajo. Siempre hay esa oferta, esa ilusión, cuando se puede ver que eso no ocurre porque el empleo generado es siempre especializado.

Se habla de grandes montos que entran por canon, sobre canon o derechos de paso y de obras que la empresa misma va a entregar a la gente, pero finalmente ocurre que tanto los megaproyectos como la inversión minera, desplaza a las poblaciones. Y ese desplazamiento no sólo se mide en costos sociales, sino también en económicos, pues se desconoce la realidad andina y amazónica. Un pequeño desplazamiento a poca distancia te puede llevar a un lugar donde no puedes desarrollar tu actividad económica. El pie del río no es lo mismo que la punta del cerro, ni el fondo de la quebrada.

Se hace una serie de promesas a la población sobre canon, obras, trabajo y mejores lugares para vivir. Al final ya sabemos como llega el canon. Las obras de las empresas se hacen pensando en el corto plazo, como estrategia que busca a través de pequeños servicios lograr la licencia social, la aceptación de la población. Y la gente termina trasladándose a lugares donde no puede desarrollar su actividad económica, lo que es central, porque no solo estas desplazando a un grupo de personas que puede ser no muy significativo en términos de cantidades, porque la lógica es que el interés de 28 de millones de peruanos no puede se antepuesto por el interés de 8000 mil personas que serán desplazadas como en el caso de Inambari.

Pero resulta que a esos 8 mil lo sacaste de juego, y no los puedes reinsertar necesariamente porque estos megaproyectos trastocan toda la dinámica que puede estar desarrollándose en un determinado ámbito. Claro que van a haber beneficiados en otros ámbitos. Eso lo vemos en Olmos, donde el beneficio es para los agricultores, pero no para todos porque eso esta pensado en los grandes agroindustriales y no en los pequeños productores.

-Hablando de Olmos, sabemos que ese proyecto es una reivindicación histórica del pueblo lambayecano, pero ¿cuál es su real alcance?, ¿los agricultores lambayecanos se van a ver beneficiacdos?
-Por lo que se conoce no. Esto esta pensado -a pesar de que es una reivindicación histórica– para agroexportación como dije. Es que toda la economía de la costa peruana esta girando o ha girado hace un buen tiempo en torno a la agroexportación y Olmos es parte de esta dinámica. Entonces, no necesariamente aquellos a los que siempre se les ha dicho que van a ser los beneficiarios de Olmos, son los que van a recibir el beneficio.

Y eso tiene que ver con todo el reciente debate de la concentración de tierras en el Perú. Lo que uno claramente ve es que Olmos está orientado a plantaciones agroexportadoras. Ese es un factor importante y va a devenir en un conflicto cuando la poblaciòn se de cuenta que no es para ellos. El otro tema tiene que ver con los que se van a ver afectados por la construcción del mismo megaproyecto. Ahí encontramos el proceso de desplazamiento en la provincia de Jaén, con presiones, con amenazas. Se ha llegado al acuerdo de que la población tiene que salir porque si se resiste se llama al Ejército, pues el proyecto va sí o sÑ La empresa, en este caso un consorcio propiedad de Odebrecht, no le da información a la gente y tasa las tierras a precios que no son los de mercado.

El presidente sale a decir que son caseríos de 40 familias, o sea que 400 personas son insignificantes a lo que el proyecto representa y cosas asÑ Pero siendo ese el caso, se tendrían que dar las compensaciones adecuadas y garantizar que esas personas desplazadas puedan realizar las actividades productivas que conocen o en todo caso empiecen un verdadero proceso de reconversión económica. No es simplemente arrimar a la gente para ver que pasa.

-¿Y en Olmos quién gana?
-Olmos apunta específicamente a los agrocombustibles. Ganarán las grandes empresas de producción de agrocombustibles... se sabe que el Grupo Oviedo estaría interesado en hacer una alianza con capitales extranjeros con tal finalidad

-Pasando a otro megaproyecto. ¿La central hidroeléctrica de Inambari es necesaria?
-En este momento no. Para la cantidad de energía que requiere el país en la actualidad nos podemos abastecer con la que se genera y se puede generar en la sierra, con Mantaro y con otras centrales más pequeñas. Pero además de que no se necesita Inambari, este proyecto junto a otros proyectos ubicados en la ceja de selva, son proyectos que tienen un alto costo ambiental. Al ser megarrepresas, los embalses que requieren van a generar un enorme impacto en la amazonía de Cusco, Puno y Madre de Dios. Además de que Inambari tendrá un impacto adicional directo en la cuenca del río Madeira. Otro punto en términos ambientales de los cuales Egasur nunca habla, es que no solamente que se construye la represa que generará gases como el metano, sino que además se requiere la construcción de líneas de transmisión que van a desforestar gran cantidad de áreas en la amazonía.

Inambari, el proyecto hidroeléctrico de Paquitzapango ubicado en la selva central y seis proyectos más a lo largo de la ceja de selva peruana tendrán en conjunto un enorme y devastador impacto. No podemos analizar nunca un megaproyecto desvinculado de los otros megaproyectos que están en curso en este momento en el Perú. Acá se están construyendo hidroeléctricas, carreteras, e hidrovías que generarán una catástrofe mayor todavía porque eso implicará la destrucción de los ríos de la amazonía. Todos estos proyectos se están pensando al mismo tiempo. El impacto negativo de Inambari y en general del Acuerdo de Integración Energética con Brasil será enorme para la selva peruana.

-¿Qué hay de la carretera interoceánica?
-Otro factor que también genera un impacto de Inambari y explica el enorme rechazo en Puno y en Juliaca contra la hidroeléctrica, es el tema de la carretera interoceánica. El embalse de Inambari tiene que inundar parte de la carretera interoceánica, y eso implica un nuevo trazo. Una posibilidad era que el trazo se moviera a la zona de amortiguamiento del parque Bahuaja Sonene, pero eso no se puede. La otra es que tenga un desvío por Cusco. Finalmente la carretera llegará a Juliaca, pero ocurre que ya hay toda una dinámica económica desarrollada en relación a la parte de la carretera interoceánica ya asfaltada (casi todo Puno) y la gran promesa para esta región como proyecto de desarrollo con el cual los puneños han soñado, ya que es un pueblo muy dedicado al comercio, fue precisamente esta carretera y este gobierno que estaba construyéndola y que acaba de inaugurar nuevos tramos, va tener que inundarla.

Entonces la misma gente en Puno no termina de entender la lógica medio esquizofrénica de este proyecto. Este es un punto que creo yo ha exacerbado más lo ánimos de la población porque los comerciantes piensan en términos de costos: este nuevo trazo no es lo que les conviene porque la distancia no es la misma y a lo mejor los carros se van por Cusco.

Carlos Bedoya
Colaborador

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