La subsidiariedad del Estado

La idea de la subsidiariedad del Estado está asociada al concepto de economía social de mercado desarrollado en las primeras décadas del siglo XX principalmente en Alemania, y alude a la necesidad de que el Estado intervenga en la economía solo como regulador, en especial con la finalidad de hacerla o mantenerla competitiva.

| 03 julio 2011 12:07 AM | Economía | 6.5k Lecturas
La subsidiariedad del Estado
(1) Coadyuvar a garantizar el adecuado suministro de alimentos puede ser tarea del Estado. (2) José Oscátegui, autor del artículo, da luces sobre un tema crucial.

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En el rubro de alimentos

Por ejemplo, en esta época en que la creciente demanda mundial hace que éstos se vuelvan escasos y caros, puede ser necesaria la presencia de una empresa del Estado que, comprando, garantice mercado (reduciendo o eliminando este riesgo para el productor) para los productores de algunos de los principales productos de la mesa popular, y, de este modo, garantice que sean producidos en las cantidades necesarias.
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En el Perú, el PPC copió esa idea del socialcristianismo alemán y consiguió introducirlo en la Constitución, con lo que nuestro país es el único del continente americano —y posiblemente del mundo— que recoge esa idea en su Carta Magna.

El concepto incluye los aspectos de seguridad social. El “único” problema con esta idea es que su concepción y desarrollo tenían que ver con la historia y realidad de la Alemania de los años 1950, donde había pleno empleo y una economía de mercado que se estaba recuperando de los efectos de la Segunda Guerra Mundial.

El mercado funcionaba bien y alcanzaba al conjunto del territorio alemán. El país había sido rico antes de la Guerra, y esa riqueza se estaba recreando.

“Mercado perfecto”
La economía moderna no acepta la idea de que el mercado no es perfecto. Toda la economía moderna está construida sobre la base de la demostración y aceptación de que la existencia de mercados imperfectos y no competitivos está grandemente difundida y que, en tales circunstancias, la ausencia del Estado (en sus distintas formas: como regulador, por ejemplo) agrava el problema.

La política macroeconómica surge en el siglo XX con el reconocimiento de que la economía de mercado moderna, por su creciente complejidad, está supeditada a choques de diversa índole que la pueden mover fuera de una situación de equilibrio. Y, además, que, en ausencia de esta política, el mercado no puede, por sí solo, volver a un nuevo equilibrio sin grandes pérdidas para la sociedad.

En todas las áreas de la economía se sabe que la existencia de externalidades, la falta de información, la presencia de riesgo y de incertidumbre, el que haya empresas no competitivas, la existencia de mercados incompletos, de bienes públicos, etcétera, generan “fallas de mercado”.

Cuando se produce una “falla de mercado”, éste, por sí solo, no puede asignar de manera eficiente los factores de producción y los recursos. Cuando ocurren algunas de estas fallas, la respuesta básica en los países con mercado desarrollado es la regulación.

Pobreza y realidad
La pobreza extendida en nuestro país es una muestra de la existencia de dichas fallas de mercado debido, entre otras causas, a la existencia de riesgo e incertidumbre de diversos tipos, de mercados incompletos, etcétera. Estas fallas están relacionadas, en varios casos, con nuestra historia y la inestabilidad política.

En algunos de ellos el mercado ha reforzado los problemas del país, por ejemplo, con la construcción de infraestructura básica en la costa. Esta región se volvió la más productiva gracias a que contiene la mayor cantidad de inversión pública.

Por esto, cuando el criterio es invertir en las zonas más productivas (puro criterio de mercado), se refuerza el desequilibrio de desarrollo interregional en nuestro país.

Posible necesidad de intervención económica del Estado
En países como el Perú, la intervención del Estado en la forma de la regulación es necesaria pero seguramente no suficiente. Sin pretender recrear la forma de intervención estatal en la economía de los 70, en esta época de grandes corporaciones transnacionales hay sectores —como el de la energía, que es vital— donde se requiere una presencia del Estado que equilibre, en función del interés nacional, la presencia de esas corporaciones.

En el rubro de alimentos, por ejemplo, en esta época en que la creciente demanda mundial hace que éstos se vuelvan escasos y caros, puede ser necesaria la presencia de una empresa del Estado que, comprando, garantice mercado (reduciendo o eliminando este riesgo para el productor) para los productores de algunos de los principales productos de la mesa popular, y, de este modo, garantice que sean producidos en las cantidades necesarias.

Uranio, ferrocarriles, etc.
Otro caso es el del uranio, del que nuestro país es productor. Hoy en día este recurso es visto como fundamental para el futuro de la energía en el mundo, pese a las actuales controversias. De ahí que podría ser necesario que una empresa estatal se hiciera cargo de su explotación y venta.

Para la integración del país, es conveniente que una empresa estatal (con apoyo privado, si es posible) asuma la responsabilidad de planificar y construir, con una visión de interés nacional, una red ferroviaria y una carretera que lleguen a todo el territorio y sirvan a toda la población, incluso si no se obtienen utilidades contables si no se minimizan pérdidas.

La inversión pública en ciencia y tecnología también es muy necesaria. Hay, además, muchos sectores en los que, si el Estado tiene una empresa, ésta puede servir de punto de referencia para una mejor regulación.

No olvidemos que el regulador actúa en un contexto de incertidumbre y tiene que idear mecanismos, con incentivos y castigos, para que el regulado revele su naturaleza. Por eso, conocer una industria desde dentro facilita la tarea.

El caso Airbus
La creación de Airbus en la economía desarrollada de Europa da una idea de por qué puede ser necesaria la intervención directa del Estado en la economía en vez de la subsidiariedad.

Los Estados europeos que la formaron, cada uno con una economía muy grande comparada con la peruana, entendieron que ninguna empresa privada por sí sola podría asumir la tarea.

¿Cómo sabían si encontrarían compradores para los aviones? ¿Podrían conseguir el financiamiento a las tasas y tiempo requeridos? El riesgo era muy alto, y el futuro, incierto. Por eso se unieron para financiar el proyecto de crear un fabricante europeo de aviones.

En términos contables, hasta ahora, esta empresa debe de ser un fracaso. Sin embargo, los derrames o spillovers hacia otros sectores serían cuantiosos, lo que, seguramente, le garantiza beneficios. Por ejemplo, Europa no podría aspirar a tener una industria espacial si no se consolida en la producción de aviones.

Además, múltiples sectores como la robótica, la nanotecnología, la resistencia de materiales, etcétera, se pueden desarrollar gracias a que su investigación y producción pueden ser adquiridas para la producción y mejoría de la industria aeronáutica.

Esta inversión estatal garantiza también empleo a personal altamente calificado que, de otro modo, se iría a trabajar a otros países.

Los “airbus” en economías pequeñas tienen una menor dimensión, pero son tan útiles como los de economías más grandes. ¿Alguna empresa privada estaría dispuesta, por ejemplo, a comprar la producción de, digamos, oca (o cualquier producto básico en la mesa popular) a cierto precio con la finalidad de garantizar mercado al productor y hacer posible su producción continua? Creo que no, y también creo que podría ser necesario que tal empresa exista. ¿Quién podrá ayudarnos?


José Oscátegui
Revista Ideele


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