La prodigiosa economía informal

El diario cabeza de la concentración tituló hace unos días que el 65% de las empresas del país son informales y el 68.6% de la fuerza laboral se emplea en actividades de este tipo.

| 08 abril 2014 12:04 PM | Economía | 1.1k Lecturas
La prodigiosa economía informal
La economía prodigiosa y la informalidad
Por: Raúl Wiener
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Los datos son del Banco Mundial y la OIT y han sido editorializados en la edición del domingo, donde los neoliberales que escriben la línea a los Miró Quesada, explican el contraste obvio entre lo que ellos llaman el “prodigioso crecimiento y todo lo avanzado en los últimos años” y la abrumadora informalización de la economía, recurriendo a una frase de Basadre que decía allá por los años 40 que el Perú legal camina divorciado del Perú real.

Forzando al tacneño, los editorialistas de El Comercio subrayan que de lo que se trata es que hay un país pequeño que cumple la ley y otro enorme que vive al margen de ella. Pero mientras Basadre imputa esta relación al sistema político y económico, los chicos del decano la explican por las normas.

Así se evitan reflexionar como un “prodigioso crecimiento” como el que aluden no es suficiente motivo para dos tercios de las empresas no tengan interés o posibilidad de sumarse a él, y para que la única esperanza para que los empleos se formalicen es que el salario mínimo se reduzca (para ajustarse a la “realidad”) o desaparezca, lo que significa que los salarios más bajos sigan en su actual situación pero legalizada.

En otras palabras que si los formales no ingresan al sistema es porque los que están dentro pagan muchos impuestos, se tienen que sujetar a numerosas regulaciones, tienen que pagar salarios por encima del mínimo de 750 soles y cubrir costos laborales odiosos como las CTS, seguridad social, pensiones y otros.

Si les quitamos a los formales actuales estas obligaciones o se las reducimos, incluidas la gran empresa, entonces los informales verán que pueden registrarse casi como están. ¿Qué tiene todo eso de prodigioso? Muy simple, una economía “formal” de bajos impuestos (que supuestamente ahora cobrará menos a un número mucho mayor de registrados), mínimos controles estatales y que habrá conseguido una vez más abaratar el precio del trabajo.

Por supuesto que un país así seguirá produciendo minerales, harina de pescado, productos agroindustriales sin elaborar y algunos textiles, con una limitadísima captación de empleo en el sector moderno y dinámico, pero pagará menos impuestos (de ahí la queja sobre las obligaciones sobre la renta de las empresa) y tendrá menos controles (por eso el editorial termina hablando de las regulaciones que afectan la gran inversión).

Es decir que en El Comercio quieren una ley que haga formal a cualquiera, como tapadera para que el “país pequeño” siga existiendo y aumente sus rendimientos y su “libertad” de operar. Mientras tanto seguirá habiendo un país de pobres, de empresas improductivas, de trabajadores sin posibilidad de progresar, de programas de ayuda, que seguirá mirando los prodigios del gran capital.

Raúl Wiener


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Colaborador 9324 La Primera Digital

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