El dilema del bono o la pensión

El bono de 100 soles para los adultos mayores de 70 años sin pensión y en situación de pobreza extrema ofrecido por el presidente Alan García en su discurso de Fiestas Patrias, sólo abarcaría a 27 mil personas de un universo de casi 1 millón 800 mil ancianos que no tienen pensión. Miles de adultos mayores organizados expresan su rechazo a esta medida, pues buscaría evitar que se les otorgue una pensión no contributiva como en la mayoría de países de América Latina.

Por Diario La Primera | 22 ago 2010 |    
El dilema del bono o la pensión

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Una pensión no contributiva es un derecho que tienen las personas que no pudieron aportar a un fondo pensionario o no les alcanzaron los aportes para jubilarse. Casi todos los países de América Latina cuentan con este mecanismo redistributivo y de justicia con los adultos mayores.

¿Qué sentiría usted si al llegar a la vejez y luego de muchos años de aportes al Seguro Social le negaran su pensión aduciendo que no alcanza para jubilarse?¿Se imagina que luego de trabajar muy duro toda su vida como ama de casa, o trabajador independiente, o campesino tenga que salir a vender caramelos a la esquina para mantenerse?
Esta es la problemática de más de un millón de peruanos que no pudo –por miles de razones– aportar o completar los aportes requeridos para tener una pensión y, tras cumplir los 65 años, pasan a ser pobres, extremos pobres o en el mejor de los casos a depender de la caridad de los familiares.

Y es que en el Perú que se acerca al “primer mundo” no hay lugar para que solo por el hecho de ser peruanos, los ancianos tengan seguridad social. Y así como Berenice (mujer de casi 70 años con osteoporosis severa, que vende golosinas en pleno óvalo Gutiérrez, en Miraflores, todos los días expuesta al frío y atravesando media ciudad para tener un sustento y mantener a su hija discapacitada) tenemos a nuestros viejos trabajando hasta el último día de sus vidas.

Es por ello que desde hace más de cinco años, diferentes gremios y algunos congresistas vienen promoviendo el derecho a una pensión no contributiva de 250 soles para todos los mayores de 65 años que no tienen un pensión de vejez y así como en Costa Rica, Brasil, Bolivia, Chile, Ecuador y la mayoría de países en la región y ni que decir en Europa y Estados Unidos, los peruanos que pintan canas puedan tener dignidad.

El mito del déficit
Pero como siempre, los tecnócratas y políticos preferidos por las grandes empresas señalan que esta es una medida populista y que generaría déficit. Sin embargo, no debemos analizar a la pensión no contributiva como una afectación del presupuesto, sino como una inversión que tiene retorno, pues los beneficiados no se guardarán sus 250 soles (60% de la remuneración mínima) sino que comprarán más alimentos y esto tendrá un impacto en la economía, un ahorro para los familiares que los mantienen y que pueden destinar esos recursos a otros bienes y servicios, tranquilidad para la sociedad y una efectiva reducción de la pobreza, como sostiene la propia Organización Internacional del Trabajo (OIT).

Pero ¿cuál sería el impacto presupuestal?
El Presupuesto Público de apertura del Perú del 2010 fue de poco más de 81 mil millones de soles, pero en el camino ascendió a más de 90 mil (mayor recaudación). Y si tomamos las cifras de Víctor Torres Lozada, analista de Ipemin, que usa como referencia la Encuesta Nacional de Hogares (Enaho 2008), la cantidad exacta de personas de más de 65 años que no tienen pensión es de 1 millón 797 mil 21 adultos mayores. Es decir, 250 soles por este número de personas nos da poco menos de 450 millones de soles al mes, multiplicado por 12 meses, equivale a una inversión anual de 5 mil 400 millones de soles. Menos de la tercera parte de las utilidades que la Gran Minería se lleva anualmente, y tan solo el 6% del presupuesto nacional.

Podríamos discutir incluso si la pensión no contributiva se otorga progresivamente, empezando por el campo, o por las mujeres, como se planteó en el dictamen en minoría a la ley de presupuesto público que presentó el congresista Rafael Vásquez en noviembre del 2009 (basado en el presupuesto alternativo del Grupo Nacional de Presupuesto Público), pero de ninguna manera podemos negar el derecho universal a la seguridad social que tenemos todos los peruanos, y menos si al mismo tiempo, decenas de políticos defensores del gran capital se niegan a realizar una reforma tributaria que permitan que el Estado peruano se beneficie mejor del crecimiento económico.

La trampa del bono
Y si bien, el anuncio presidencial de otorgar una ayuda económica a las personas mayores de 75 años sin pensión y en extrema pobreza, constituyó, si se quiere, un primer triunfo de organizaciones como Anamper, Ipemin, Grupo Nacional de Presupuesto Público, Help Age Internacional, algunos congresistas y todos los que han venido impulsando una pensión no contributiva; los voceros de estas organizaciones y algunos expertos señalan que sería un error abandonar todo lo avanzado para la dación de una Ley de Pensiones No Contributivas y colocarse detrás del bono anunciado por el presidente García, debido principalmente a:

- El bono no constituye una pensión no contributiva, sino más bien una estrategia presidencial para no otorgarla, desarticulando y dispersando al movimiento nacional de adultos mayores que se ha generado.

- La ministra de Economía y Finanzas, Mercedes Aráoz, ha sido clara en precisar que la cobertura es de 27 mil personas y se aplicará dentro del Programa Juntos, el mismo que tiene una vigencia hasta el 2011 y cuyo responsable ha señalado que empezaran solo con 15 mil adultos mayores en extrema pobreza que ya identificados, pero hasta la fecha no se han asignado los recursos necesarios.

- La propuesta del bono no se da como reconocimiento al derecho de las personas adultas mayores a una pensión, sino que es presentado como caridad. El presidente lo llama “ayuda económica”, la ministra de la Mujer y Desarrollo Social, Nidia Vílchez, como “bono de gratitud” y la ministra de Economía y Finanzas como “subsidio”.

- El bono es focalizado, no tiene carácter universal, ni siquiera para los mayores de 75 años, sino para aquellos de extrema pobreza. Y la esperanza de vida al nacer en la actualidad es de 72 años. Un adulto mayor en extrema pobreza difícilmente llegará a los 75 años para gozar del bono, de allí que los cálculos oficiales excluyen a 97 de cada 100 mayores de 75 años y a 99 de cada 100 mayores de 65 años.

- La asignación de 100 soles se otorga por 4 años, y finalizado este plazo, se evaluará si el beneficiado dejó la pobreza extrema. Si no es así se puede renovar, pero solo en un 80%; es decir, se castiga el no superar la pobreza extrema.

- La ayuda económica de Juntos es temporal, no tiene carácter vitalicio, por tanto no hay elementos para considerar que el bono a los adultos mayores será permanente.

- Existe el temor que se reduzcan fondos destinados a apoyar a los niños en extrema pobreza dentro del Programa Juntos, para trasladarlos al bono para los adultos mayores.

- El bono sólo costaría 32 millones de soles al año, monto que equivale al 0.008% del Producto Interno Bruto (PIB) del 2009, lo que no es coherente con la expansión que vive la economía peruana en la actualidad.

En fin, las cartas de uno y otro lado están echadas. Los adultos mayores han empezado una lucha y no la dejarán hasta conseguir que en el Perú lo ancianos accedan a la seguridad social de manera universal. Prueba de ello es que no obstante el anuncio presidencial, este 26 de agosto tendremos en las principales calles de Lima a cientos de adultos mayores organizados protestando por su derecho a la pensión.


Carlos Bedoya

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