Basta de bravatas

A los británicos se les ha esfumado su habitual flema porque el Perú decidió soberanamente cancelar la visita de la fragata HMS Montrose. Los comunicados de la embajada británica han sido desproporcionados, diplomáticamente hablando, con una serie de adjetivos que si bien afirman “su” verdad, no es la verdad.

| 26 marzo 2012 12:03 AM | Economía | 1.4k Lecturas
Basta de bravatas
A la rubia albión hay que recordarle que no somos colonia.
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Que introduzcan en un solo saco que están decepcionados, que la cancelación es desafortunada, acto poco amistoso, son solo expresiones bravuconas, de rabia, de impotencia, porque un país plebeyo ha frenado las intenciones subterráneas de Su Majestad británica.

¿Y cuáles eran las intenciones subterráneas de Su Majestad británica? Romper la unidad latinoamericana solidaria con Argentina por el tema de las Islas Malvinas. En realidad, que venga un buque de guerra británico a un país latinoamericano en sí ya es una provocación a Argentina y a Latinoamérica.

Más aún que el citado buque desde mediados de noviembre de 2011 patrulla el Atlántico Sur entre las Malvinas, Sándwich y Georgias. Las Malvinas es el último rezago de colonialismo en Sudamérica, es una afrenta a la civilización, al Derecho Internacional y además un oprobio a las continuas resoluciones de las Naciones Unidas solidarias con la posición argentina.

Más aún, Londres se niega a conversar con Buenos Aires, entonces es el mundo que se encuentra más bien decepcionado de Gran Bretaña y su negación para hablar del tema es, asimismo, desafortunada, así como poco amistosa y una afrenta a la paz.

¿FILÁNTROPOS?
El comunicado, igualmente, pretende recordar a los peruanos, como si fuéramos amnésicos, que el Reino Unido es el segundo mayor inversionista extranjero, con la intención de decirnos que nos estamos distanciando de un país poderoso que “ayuda” al Perú y con la perversidad de causarnos problemas internos, como está ocurriendo.

Hay que tomar en cuenta que no es Gran Bretaña el inversionista, sino empresas privadas de ese país, que no es lo mismo. Tampoco son instituciones “benéficas”, “altruistas” o “filantrópicas”, no nos regalan nada, ni tienen por qué hacerlo.

Ellas ganan su dinero y hay que reconocer que pagan sus impuestos y dan trabajo a peruanos. Hay que admitir también que el Perú es un país atractivo para las inversiones.



LOS VASALLOS
Hablando en términos medievales, hay muchos peruanos que son vasallos de monarquías extranjeras, admiran sus colonias, el otrora poderío imperial, y se olvidan que son peruanos, que hay que amar primero a nuestra tierra, defender sus intereses, ser nacionalistas sin chauvinismos y ser latinoamericanistas en segundo lugar.

A ello se suma el antiargentinismo de unos pocos peruanos que no olvidan la venta de armas de Argentina al Ecuador en pleno conflicto del Cenepa. Al respecto, se deja de lado las disculpas de la presidente argentina Cristina Fernández en la propia Lima y que ello fue un negociado de algunos malos funcionarios del entonces gobierno de Menem, que se espera aún sean castigados.

Escuché a algunos decir “nos conviene apoyar a los británicos, ellos nos ayudan más, de la Argentina nunca logramos nada”, no pondré en la misma balanza sandeces con defensa de los principios.

La bravata británica ha servido, de igual modo, para que los enemigos del gobierno desestabilicen al canciller del Perú, Rafael Roncagliolo y causen problemas al presidente Ollanta Humala. Está bien, nunca se debió pedir el permiso al Congreso para que arribe la fragata de marras, pero se aprovechó convenientemente el retraso para cancelar la visita.

Tampoco la fragata estaba en aguas marítimas del Ecuador o de Chile tocándonos la puerta para ingresar. La embajada británica tampoco menciona –para su provecho- en dónde estaba, de repente recién iba a zarpar.

¿SÓLIDOS LAZOS?
Más aún, el Perú tiene que respetar el compromiso de la Unasur que, en Asunción, en la declaración final de la cumbre señaló que “la presencia militar británica en las Islas Malvinas es contraria a la política de la región, de apego a la búsqueda de una solución pacífica en la disputa de soberanía”.

Hay que decirle a la embajada británica que no hablemos mucho de “la solidez de los lazos entre el Reino Unido y el Perú”. Es claro que mentirían si dijeran la solidez de los lazos históricos, que no los hay.

Gran Bretaña azuzó a Chile para que nos declarara la guerra en 1879, más conocida como la “Guerra del Salitre” o “Guerra del Pacífico”. Que no se nos hagan los buenitos ahora, más aún si venden ingente cantidad de armamento ultramoderno a Chile, aun cuando está por darse el fallo de La Haya.

Al canciller del Perú, Rafael Roncagliolo, hay que darle el mayor de los respaldos. Ningún país, sea el que sea, debe causar problemas internos en otro. Ya estamos en un asunto de soberanía.



EL ANTECEDENTE DEL HMS EXETER
La primera vez que le dijeron no

No es la primera vez que no se permite que arribe un buque de guerra británico. En 1982, en plena Guerra de Las Malvinas, el moderno destructor HMS Exeter (en servicio desde setiembre de 1980) cruzó, a mediados de abril, el canal de Panamá en dirección a las islas Sandwich del Sur y Georgias del Sur recuperadas por los argentinos el 3 de abril de 1982.

Lo curioso es que la entonces primera ministra británica, Margaret Thatcher, para ocultar el apoyo chileno, mintió a los medios de comunicación ingleses e internacionales, diciéndoles que el HMS Exeter navegaba por aguas del Atlántico, con el propósito de tomar las citadas islas.

La verdad es la siguiente: el HMS Exeter, estando a más de 200 millas de las costas peruanas, solicitó permiso al Gobierno peruano para llenar sus tanques con nafta (como le llaman los argentinos a la gasolina) en el puerto de Paita –en el norte peruano-, siendo negada la autorización.

Igual sucedió cuando estuvo a la altura del Callao, por lo que tuvo que navegar a 14 nudos por hora, una velocidad considerada de “ahorro”, para poder llegar a Arica, donde el gobierno chileno le dio todas las facilidades, para luego, asimismo, reabastecerse en Punta Arenas y desde allí dirigirse para atacar por la espalda a las islas Georgias del Sur. Este suceso es una primicia mundial sobre el que muy pocos saben.

Asimismo, no debe olvidarse que los ingleses “hundieron” el plan de paz del entonces presidente Fernando Belaunde, al atacar el crucero General Belgrano, matando a 323 marinos, cuando se encontraba navegando en aguas internacionales.

¿Esta es la solidez de los lazos entre el Reino Unido y el Perú?


Ricardo Sánchez-Serra
Colaborador


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