Vida, pasión y tabla

De inicio a fin, este año ha sido uno de los mejores en la carrera de Analí Gómez. En enero, junto a la selección nacional de surf, ganó el oro en el Aloha Cup; repitió la calidad de la medalla en los Juegos Bolivarianos de Playa y para cerrar con un broche del mismo calibre, se coronó campeona de la Asociación Latinoamericana de Surfistas Profesionales (ALAS).

| 23 diciembre 2012 12:12 AM | Deportes | 608 Lecturas
Vida, pasión y tabla
La internaron en un colegio y hasta le propusieron estudiar para aeromoza, pero la pasión por el surf pudo más en Analí Gómez. Hoy es campeona latinoamericana.
608

Temporada redonda para “La Negra”, que lejos de dormirse en sus laureles, ya piensa en la meta del año que se nos viene: “Estoy haciendo todas las etapas del World Qualifying Series (WQS), donde hay 100 surfistas de todo el mundo que buscan clasificar al top mundial donde está Sofía. Entran 6 de las 100. Esa es la meta por la que estoy corriendo, esa es mi prioridad”.

—¿Qué has tenido que pasar y sacrificar para lograr lo que hoy disfrutas?
— Más que todo es que antes no teníamos los recursos para poder hacer los tours. Vengo de una familia de pescadores y no tenía para comprarme una tabla que cuesta 300 dólares, un wetsuit de 200 y todo lo que en este deporte cuesta en dólares. Pero desde hace dos años, gracias a ADO, la mayoría está cumpliendo sus sueños. Las empresas están apostando por nosotros y lo único que hacemos es cumplir con resultados.

—¿Por eso fue difícil tomar la decisión de dedicarte al surf?
—Más que todo por mi mamá. Mi hermano (José) sufrió un accidente en Brasil, perdió el conocimiento y vino medio loco. Mi mamá dijo: “nunca más”, entonces ahí pasé a secundaria y me internó en un colegio de cristianos. Estaba ahí encerrada, pero todos los fines de semana salía y me iba a correr, la tabla era algo que no podía dejar.

—¿Y en qué momento empezó a mejorar la situación?
—Poco a poco conocí a otra gente. Al señor Magoo De la Rosa, el primero que me sacó a correr un Latinoamericano en Ecuador, pude quedar primera y mi mamá vio que gané un poquito de plata, que le pude llevar para que pague la luz y le dije que eso era lo que quería. Pero como siempre le decía que me gustaba viajar, quiso meterme de aeromoza. Ella estaba como que “te voy a encerrar, no quiero que pase lo mismo que tu hermano”. Es que él pasó por una época muy dura, estaba en drogas, luego salió y se fue dando cuenta. Gracias a Dios pudo cambiar con ayuda de la familia. Hasta ahora no he pasado por esa experiencia y no la quiero pasar ni fregando.

—Pero ahora la familia celebra gracias a ti y a tu hermano (José también ganó medalla de oro en los Bolivarianos de Playa).
—Sí, somos 11 hijos, siempre le digo a mi mamá que faltó uno para la docena, ella se ríe y me dice que es por falta de pescado, que por eso ya no pudo completar (risas). Es chévere tener una familia grande.

—¿Es cierto que en el mar la vida es más sabrosa?
—Es totalmente diferente a una ciudad, como irte del infierno al paraíso, porque es playa, no hay claxon, ni quien te fastidie. Además, se come rico, hasta hora tengo las espinas atravesadas en todo mi cuerpo por tanto pescado que he comido (risas). Fijo que mi plato preferido es el “cebichón” y el arroz con pollo, me fui hasta el otro extremo (risas).

—¿Has tratado de pescar alguna vez?
—He tratado de pescar algunas veces, pero no va conmigo. A lo mucho he sacado pejerreyes nomás.

—¿Qué ha cambiado en ti gracias a estos logros?
—La verdad que casi nada, solo que tengo a más periodistas pidiéndome (risas)… de hecho es un poquito estresante, pero bien, es chévere porque así ustedes nos ayudan para que las otras empresas traten de apoyarnos o que nos llamen para hacer unas que otras cositas. Todo eso ingresa a nosotros para poder pagar nuestras tablas y hacer que la gente esté feliz por nuestros logros, ya que estamos trayendo las medallas para el Perú.

—En lo deportivo, las aspiraciones también cambian…
—Claro, ahora viene la meta de ser campeona mundial. Lo fuimos por equipos, pero individualmente no he podido. Así es la suerte en la tabla, le toca a quien le toca.

—¿Cuánto juega el factor suerte en este deporte?
—Juega mucho, el mar cambia a cada rato, hay que ver las mareas, donde está la ola porque solamente tenemos 20 minutos. No es como estar una hora relajado en “free surf” y poder hacer lo que uno quiere. Son 20 minutos de tensión, presión, buscando la ola ideal. Todos surfean bien, pero a quien le salga la ola, es quien pasa a la siguiente ronda. Gracias a Diosito, este año para mí ha sido lo máximo, como para despedirme recontrabién.

—¿Rezas antes de entrar en el mar?
—Me persigno y a Dios le entrego todo porque lo que va a salir es lo que Él quiere. Ahora todo ha sido bueno, seguro porque me he estado portando bien (risas).


Erick Garay Alberto
Redacción


¿Quieres debatir este artículo? prueba abriendo un tema en nuestros foros.


...
Diario La Primera

Diario La Primera

La Primera Digital

Colaborador 1937 LPD