Para ser un rial periodista jiro (harto difícil)

Broders y sisters de la maestra vida que golpea con su guante de cemento: ser periodista, de opinión distinta al resto, es un lío mayor.

| 17 setiembre 2009 12:09 AM | Deportes | 445 Lecturas
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Se cierran puertas en la cara del profanador. En las ofertas laborales, las empresas lo ven como un subversivo, un pandillero, un lacra aura, un piraña true con “T” de trueno. Me llega al rehueif. Se cierran peor que ojo de aguja y el bolsillo roto apremia y para colmo, en el medio donde uno escribe el gobierno cierra el caño publicitario para presionar, inútilmente, a la línea editorial. Así no juega Perú, pe, eso será puré, separa la leche de la mantequilla ¿se puede hablar de libertad de prensa bajo esas condiciones? Hay formas de mordazas, esta última, es invisible pero más peligrosa: se rifan las necesidades primarias de los empleados de la empresa periodística que ‘estorba’. En este terreno, el novel periodista debe ser audaz; yo, como Malapala-windu dibujo la política -para los reclutas a este oficio- tal como es: un nido de serpientes; se hará todo lo posible para amarrarte el teclado y más, acercándose y sudando en lengua: “tú eres el mejor”, primero; luego te acuchillan mismo Pando´s wife. Algunos dicen ser tus amigos, pero mienten: el único amigo es tu conciencia. Lo demás, poco importa. Dicen que admiran a uno para que no choques con ellos, la merfi pes, este malapalabrero puede comentar de estos casos porque sucedieron con varios personajes del gremio periodístico, cultural, y político. Todos tratan soft por lo que puedes escribir de ellos y ofrecen mil escapes para marearte. Lo que no saben es que cuando ellos están de ida uno ya va dos vueltas al Estadio Nacional. Su misión es que el periodista se haga conocido y poco a poco lo van jalando al The dark side of the force. Tratan de convertirte en un sith, creen que dibujándote un panorama Disney te van a doblar el brazo (yo me río de ellos nomá). Veo que para ser más independiente necesariamente uno tiene que tener otro trabajo o negocio paralelo para echarse algún ripio y dibujar hartos gatos pops cachacientos en el camino. O sino la tentación está ahí, quebrando éticas, cambiando líneas, contenidos. El nuevo periodista debe tratar su honra emancipándolo, con otros cachuelos que no tienen nada que ver con el poder de los políticos y gente del medio. Es la única manera de seguir luchando por los derechos de los demás frente a la intolerancia. Nunca te rindas, brox, nunca. Siempre con la pipol, el sentimiento genuino de la lírica asfaltada. PD.- Sacaré mi brevete.


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