Graves agresiones, leves sanciones

Transcurría el primer minuto de descuento. Boca Junior derrotaba 2-1 a Cruzeiro y todo parecía tranquilo. Sin embargo, un proyectil fue lanzado desde los palcos del estadio La Bombonera. El objeto impactó en el juez de línea uruguayo Pablo Fandiño. Inmediatamente, su compatriota Jorge Larrionda suspendió el encuentro.

| 04 mayo 2008 12:05 AM | Deportes | 559 Lecturas
Graves agresiones, leves sanciones
(1) Momento en el que Pablo Fandiño sale del terreno de juego. (2) Boca Juniors no utilizará su estadio si pasa a la siguiente fase del torneo.
La Bombonera volvió a ser escenario de la violencia, pero hasta ahora no hay sanciones ejemplares.
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Así se cerró otro hecho de violencia en el estadio de Boca Juniors. La Bombonera es aclamada por su espectacularidad y por la pasión de sus hinchas en cada partido del equipo xeneize. Sin embargo, los hinchas le quitan cada vez más el estandarte de estadio modelo.

Estas continuas agresiones tienen una explicación. Los barristas bosteros no sienten la sanción que cae sobre el equipo. Y no la sienten porque Conmebol sólo aplica una multa económica y, cuando la situación es demasiado grave, suspende el estadio para todo tipo de competencias deportivas.

Así es muy sencillo para los hinchas. En el primer caso, el club paga la multa. Mientras que en el segundo, ellos simplemente se trasladan hacia otra ciudad para espectar el partido que juega Boca. Entonces, el reglamento del máximo ente futbolístico de Sudamérica no se respeta y los hinchas no aprenden.

El inciso 15.1 del reglamento de Copa Libertadores dice: “Si un partido fuese suspendido por el árbitro en razón de la intervención de los espectadores o por agresiones cometidas contra el árbitro, árbitros, asistentes o jugadores del equipo visitante, el club local será castigado con la pérdida del partido en caso de comprobada culpabilidad a juicio del Comité Ejecutivo”.

Como ocurrió en esta última agresión, La Bombonera será sancionada; pero Boca mantendrá el resultado que obtuvo ante Cruzeiro. Muchos intereses se mueven en torno al club argentino como para perjudicarlo de esa forma. A pesar de que no es la primera vez que ocurre.

En la Copa Libertadores de 2005, Boca jugó contra Chivas de Guadalajara. Luego de una gresca entre Martín Palermo y Adolfo Bautista, los hinchas argentinos se descontrolaron. Comenzaron a lanzar objetos al campo de juego, en especial al arco en donde estaba el golero mexicano.

Incluso, un fanático trepó la malla de seguridad e ingresó al terreno de juego. Ante la pasividad y descuido de los policías, corrió hasta donde estaba Bautista y lo agredió. Luego regresó a la malla bajo la mirada de los policías que poco hicieron para arrestarlo.

Finalmente el partido se suspendió, pero como Boca había perdido, no hubo tanto escándalo. Los mexicanos pasaron a la siguiente fase del torneo y La Bombonera fue suspendida sólo por tres partidos internacionales.

Lo más grave, más allá de las sanciones, es la falta de conciencia de buena parte de los aficionados argentinos. Amparados por la impunidad que da moverse entre multitudes, insisten en repetir la violencia en sus diversas formas. Y las autoridades tampoco encuentran métodos eficaces para cortar esa mala costumbre. Mientras tanto, el único perjudicado es el fútbol argentino, que no aprende de sus continuos errores.


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