Abuela corazón

LA PRIMERA llegó hasta San Martín de Porres, a la casa de Rosa Valiente, la jugadora de la selección de menores de vóleibol y conversó con su abuela, doña Rosa Cárpena Chávez, quien es como su madre y vela por la voleibolista desde que nació.

| 02 diciembre 2012 12:12 AM | Deportes | 2.9k Lecturas
Abuela corazón
Doña Rosa Cárpena y su esposo Ricardo Arévalo, hacedores de nuestra voleibolista.
Gracias a doña Rosa Cárpena, el Perú celebra hoy los mates de Rosa Valiente. La abuela de la voleibolista nos cuenta la historia de esta gran promesa peruana.
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Muy amable y entre risas, nos contestó cada una de las preguntas:

—¿Usted también jugaba vóley?
—Te voy a ser sincera, hijo: yo soy una voleibolista frustrada, pero con Rosita estoy más que feliz, soy su hincha número uno. Trato de asistir a todos sus partidos, tanto en su club, como con la selección. Ella y mi papá, que fue jugador de fútbol, arquero del Sport Boys y Centro Iqueño, son los únicos deportistas de la familia. Soy como su madre, junto a mi esposo (Ricardo Arévalo), que trabaja de carpintero, hemos visto por ella desde que nació. Vendí mazamorra cuando vivíamos en Barrios Altos para poder solventar los gastos de la casa.

—¿La mamá y el papá?
—Mi hija tiene su vida aparte, ve a Rosa de vez en cuando, pero se tratan como hermanas, no hay una relación de madre e hija. Es más, seguramente no tiene idea de lo que está pasando ahorita con Rosita. Su papá tampoco se hizo cargo de ella.

—¿Cómo fueron los comienzos de Rosa en el vóley?
—Fueron duros. Nosotros vivíamos antes en Barrios Altos, en una casa alquilada, y a veces no había ni 5 soles para sus pasajes. Si le daba para el pasaje, nos quedábamos sin cena. Felizmente hubo gente que nos apoyó bastante, como el señor Efraín Ortega, que le consiguió una beca para el colegio y hasta ahora sigue pendiente de ella. Le estamos muy agradecidas.

—¿Es el único deporte que practica?
—¡Uy! Si le contara. Cuando salió lo de Kina Malpartida, quiso dejar el vóley y ser boxeadora (risas). Ella tiene una fuerza tremenda en las manos, pero no la dejé practicar ese deporte porque me parece muy peligroso, así que se quedó con el vóley.


(a) Rosita participa en las procesiones que se realizan por su casa. (b) Desde el colegio ya destacaba con su buen juego.

—¿Qué le parece la manera de enseñar de Natalia Málaga?
—Es muy estricta, pero es lo mejor. Eso les forma el carácter a las chicas. Mira, Rosita ha sido bien relajada y con Natalia se ha disciplinado bastante, con ella no hay relajos porque te saca del equipo. Pero es una buena persona, muy amable y atenta. ¡Ah! Me gustaría que les dijeran a las chicas “Las Malaguitas”, no “Las Matadorcitas”, porque ellas son de otra generación.

—¿Cómo vive este momento Rosa?
- Tranquila, ella es perfil bajo, no le gustan las cámaras ni la televisión. Es más, le da vergüenza cuando la reconocen en la calle.

—¿Qué espera ahora?
—Espero que todas las promesas se cumplan, que las apoyen a todas porque lo necesitan. No es fácil comprar cada dos meses un par de zapatillas, que cuestan cien dólares el par, además de los pasajes, la comida, las vitaminas. Ahora todos dicen les damos esto y el otro, pero a la hora de la hora, nada. Sobre todo, que arreglen su cancha en la Videna, que hace 8 meses la dejaron de construir, pero en cambio las instalaciones de los futbolistas tienen todo de lujo, no es justo. O si no, como dice mi esposo, tendremos que hacer una pollada para ponerle piso.


Ernesto Vásquez Z.
Redacción


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