Viaje a la abstracción

Dejó la carrera de electrónica en la Universidad de Tacna a sus 24 años para estudiar en la Escuela de Formación Artística “Francisco Lazo”, de esa ciudad. Al tercer año, profesores de la Escuela Nacional Superior de Bellas Artes fueron a enseñar a su escuela, lo vieron y le sugirieron que viniera a Lima. Lo hizo y cursó estudios en esta casa. Ahora alterna entre Tacna y Lima.

| 15 noviembre 2011 12:11 AM | Cultura | 2.3k Lecturas
Viaje a la abstracción
(1) Con esta pintura ganó Julio César Soria el premio del Bice Bugatti Club. (2) Julio César Soria Justo, artista.
Julio César Soria ganó el Primer Premio Internacional Bice Bugatti Club, convocado por el proyecto Martadero de Cochabamba, Bolivia.
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Un amigo le avisó de un concurso del proyecto Martadero, en Cochabamba (Bolivia), para artistas del sur del Perú, Bolivia, norte de Chile y de Argentina. Lo ganó. os 2500 euros del premio han sido un aliciente para continuar en esa búsqueda continua que es un lenguaje propio en el arte.

—En los años de experimentación en Bellas Artes, los chicos querían pintar en formatos grandes, pero no había mucho óleo (es caro), así que empezaron a investigar, a pintar con otros elementos buscando la textura del óleo. En esta necesidad empecé a utilizar el esmalte, a querer pintar como el óleo, pero no conseguía lo mismo. Hasta que me di cuenta y busqué que el esmalte se expresara con su propio lenguaje. Fue así que fui aferrándome al esmalte y al papel. En el Barrio Chino vendían unos rollos de papel enormes, duros y flexibles, que soportaban la pintura. Con esos materiales hice una exposición en el Colegio de Arquitectos. Era más barato y podías experimentar sin temor a gastar mucho dinero. La utilización del esmalte nace de una necesidad económica que se transforma en una necesidad plástica con el tiempo.

En este juego de experimentación, Soria encontró que su “dripping” (chorreado de pintura) tenía más similitud con el “kanji” (escritura japonesa); encontró su propia grafía, aunque admite que no sabe nada de “kanji”.

—Poco a poco, encontré una grafía en mis trabajos, porque hay elementos que se repiten, símbolos. Y en esto de buscar con qué se lleva mejor el esmalte, experimenté pintar sobre papel, sobre madera, sobre espejos. En mi último año pinté en una plancha de espejos. Utilicé también lino plastificado. Y encontré que este material era con el que mejor se llevaba el esmalte”.

—¿Qué le daba el lino?

—Su color base es bien sólido, soporta todo lo que le puedas poner. He tratado de agarrar la lona y pintarla del mismo color, porque es más resistente, pero no se consigue. Eso tiene que ver, quizás, con la necesidad de que todos los materiales pertenezcan a la misma familia: inorgánica, sintética.

Empezó con el esmalte. Luego buscó elementos que le dieran sentido a su trabajo; el color, personajes abstractos, paisajes urbanos… Y eso con elementos como esmalte, resina, semillas, plásticos, pitas, en su afán de buscar texturas, calidades…

Buscó elementos industriales e inorgánicos que den la sensación de vida a esas figuras humanas y paisajes que ahora habían llegado a una mayor abstracción. En esta etapa se encuentra tratando de representar vida en blanco y negro y con materiales inorgánicos, exceptuando las semillas. La sensación de rasgar, tocar el cuadro es característica de la obra de Julio César Soria.

— Esa interacción que provoca, evoca emociones en la gente. Siempre me gustó el trabajo de Antoni Tàpies, quien pinta en el piso. Siempre pinto en el suelo. Para pintar con el esmalte y hacer el “dripping” es necesario.


Marco Fernández
Redacción

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