Vallejo y Trilce

Blasco Bazán Vera, nos ha entregado una carta de Joaquín Carranza Zavaleta y que guarda relación con la carcelería de 121 días sufrida por Vallejo, ocasión en la que escribió ocho poemas de Trilce (1922).

| 23 abril 2008 12:04 AM | Cultura | 1.4k Lecturas
Vallejo y Trilce
César Vallejo y las injusticias de la justicia.

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DATO

Según asevera Blasco Bazán Vera, Joaquín Carranza Zavaleta vivía en un caserío ubicado en la provincia de Otuzco. Los funestos sucesos de Santiago de Chuco, determinaron que Vallejo se fuera del Perú.
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Se ha dicho y es probable que el neologismo Trilce, creado por César Vallejo, provenga de la extraña conjunción de (tri)ste y du(lce) debido al momento en que fue concebido y escrito. Pero lo más importante es que Trilce marca una época, es un libro escrito con una espléndida subversión semántica. Antes, en 1918 publicó Los heraldos negros.

En 1922 apareció Ulises de Joyce y Tierra baldía de T. S. Eliot, ambos libros cambiaron el curso de la prosa y la poesía inglesa. En París, Breton, Eluard y Tzará ganaron un espacio en la vanguardia. Vallejo desde una ófrica y nauseabunda celda de la cárcel de Trujillo, cambió el curso de la poesía en español.

Acusado de haber participado en Santiago de Chuco (1/8/1920), en una asonada e incendio, fue sometido injustamente a un juicio. Luego encarcelado, permaneciendo preso del 6 de noviembre de 1920 al 26 de febrero de 1921. La carta firmada por Joaquín Carranza Zavaleta, tiene como fecha 4 de julio de 1920 y está dirigida a Rubén Haro (a Chanchacap). Así queda ampliado el trabajo realizado por Germán Patrón Candela, quien publicó El proceso Vallejo. Carranza asevera que Antonio Ciudad murió porque un soldado le destapó los sesos y el prefecto ordenó el fusilamiento de los responsables.

La misiva que no es extensa entre otras verdades establece: “El domingo como a las tres de la tarde y con un plan premeditado, se levantó la fuerza contra el subprefecto Meza queriendo victimarlo, pero felizmente dada la pronta intervención de sus amigos, pudo salvarse, muriendo don Antonio Ciudad que horrorosamente se le destapó el cráneo. El subprefecto ordenó el fusilamiento de los soldados asesinos y culpables”. Es más: “Por la noche – asevera Carranza- incendiaron la Casa Comercial de Santa María quemándose todo lo que existía en ella así como también el techo de la tienda de Pablo Sánchez pero nada de mercadería. El subprefecto ordenó quemar los cadáveres de los soldados pero ya no lo hicieron y los sepultaron, uno encima de otros. Se dice que vendrá gente del hospital y varias partes a atacar la cada de Moreno y quizá lo hagan”.


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