Vallejo en Barranco

Gonzalo Bulnes Mallea, es un acucioso periodista que bucea en bibliotecas y archivos para exhumar documentos raros. Ahora habla acerca de César Vallejo en Barranco.

| 22 mayo 2008 12:05 AM | Cultura | 2.9k Lecturas
Vallejo en Barranco
Gonzalo Bulnes, barranquino cien por ciento.

Más datos

DATO

Gonzalo Bulnes Mallea, (Puerto Maldonado 1934). Periodista, viajero, escritor. Hace muchos años que dirige la revista Barranco. La ciudad de los molinos.
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- ¿Cómo nace tu interés por Vallejo?
- Por su relevante obra que cuenta con instantes de fulgurante hermosura y facetas de casi indescifrable oscuridad, acaso por ello, su mensaje poético ha apasionado a muchos e incomodado a otros, pero él con admirable humildad y sapiencia supo superar.

- ¿Por qué dedicaste tu antología barranquina a Vallejo?
- La edición tuvo un motivo principal, sumarme a los merecidos homenajes al más grande poeta nacional y peruano universal, durante las celebraciones del centenario de su natalicio; y además por el notorio acercamiento con lo barranquino.

¿Vallejo sentía predilección por Barranco?
- Tenía expresiones halagüeñas a su tradición, historia, gentes, y de su indisimulado deseo de que si se hubiese quedado a vivir en Lima, hubiera preferido Barranco. Inclusive existe esa foto única en Barranco, que le tomaron descalzo en la playa; escena típica del provinciano que tímidamente se arremanga los pantalones, se saca zapatos y medias, luego arremete hacia las caricias del mar. Al final del paseo, termina yéndose con sus amigos –entre ellos Juan Espejo Asturrizaga- a almorzar en los evocativos Baños Municipales. En ese ambiente, incentivó su estro, escribiendo sus célebres poemas LXIX y LXX de Trilce.

- ¿Qué otras versiones conoces?
- Entrevistó a tres personajes que vivieron en Barranco, a quienes visitaba y era apasionado admirador. De Valdelomar escribió: “Sobre su viaje al norte, le digo que esa gira será fecunda, que en especial podría aprovecharla en suscitar, rudimentariamente siquiera, el criterio artístico de esos pueblos” De González Prada anotó: “Con lo dicho por el autor de Horas de Lucha, Minúsculas, y Exóticas, siento los nervios en tensión inefable, como lanzas acabadas de afilar para el combate”. De Eguren, al despedirse apuntó: “De regreso, miro Barranco, con sus calles rectas pobladas de alamedas, con helechos arborescentes y sus pinos”. Vallejo también solía visitar el Petit Palais émulo del Palais Concert de Lima, para servirse un café y pastelillos, gozando de las melodías de una pianola y muchas veces escenas del cine mudo. Visitaba el Parque, el Puente de los Suspiros, los malecones, le gustaba el paisaje.


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