Tras la tumba de García Lorca

Eduardo Galeano se encargó que el tema vuelva a ser considerado para que los restos de Federico García Lorca sean finalmente recuperados. Ese hecho implicaba que sus parientes estén de acuerdo. Se oponían aduciendo razones entendibles, pero que no fueron compartidas por intelectuales y escritores. Los restos del poeta permanecen en una fosa común en un barranco de Granada.

Por Diario La Primera | 11 oct 2009 |    
Tras la tumba de García Lorca
Todo indica que finalmente los restos de Federico García Lorca podrán ser enterrados en un cementerio, no sin antes recibir un desagravio oficial y público.

Junto a él también están inhumanos Dióscoro Galindo, Francisco Galadí y Joaquín Arcollasque. Pero en vista de que la nieta del maestro Galindo, Nieves Galindo, hiciera una petición formal ante el juez Baltasar Garzón para que se recupere los restos de su abuelo, Laura García Lorca ha manifestado su consentimiento. Los parientes de García Lorca eran reacios a este hecho “porque volvía a abrir las heridas”. Quienes han trabajado la poesía y teatro de García Lorca, sus traductores y biógrafos han señalado que la única manera de “cerrar las heridas”, es dándole una sepultura donde pueda ser visitado.

José Saramago a este respecto ha dicho: “Sólo las páginas de los libros tienen vuelta, las de la vida, no. A regañadientes o no, bien sea que se dejen en el sitio los restos de Lorca, se trasladen a un cementerio o se le construya un mausoleo, de lo que se trata ahora es de una empresa que va más allá de Lorca mismo. Él se ha convertido en el símbolo de los miles de ajusticiados de la Guerra Civil española (1936-1939) y ubicar sus restos, echar luz sobre las condiciones bajo las cuales fue asesinado es, para muchos, un acto de justicia con todo el pueblo de España y con el mundo”.

Ahora falta la autorización oficial para que el poeta tenga un lugar digno. Entre tanto escuchemos la voz de Antonio Machado. “Se le vio caminando entre fusiles, / salir al campo frío, / aún con estrellas, / de la madrugada. / Mataron a Federico / cuando la luz asomaba. / El pelotón de verdugos / no osó mirarle a la cara. / Todos cerraron los ojos; / rezaron: ¡ni Dios te salva! / Muerto cayó Federico / - sangre en la frente y / plomo en las entrañas-, / Que fue en Granada el crimen / sabed -¡pobre Granada!- / en su Granada”.


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