Tras los pasos de Humboldt

Frank Gaudlitz recorrió, fotografiando, la ruta que por Sudamérica hizo su paisano Alexander von Humboldt en 1801. El resultado es “La ruta del Sol”, muestra inaugurada ayer en la galería Pancho Fierro del Centro Histórico de Lima. Al fotografiar a personas de distintos estratos sociales, agudizó la visión de las desigualdades sociales.

| 10 diciembre 2011 12:12 AM | Cultura | 1.3k Lecturas
Tras los pasos de Humboldt
(1) Frank Gaudlitz fotografi la ruta del Qhapaq Ñan, como su paisano Humboldt. (2) Percy Jonel Garcia, Hualgayoc. (3) Habitantes de Chillanquer. Colombia.
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El catalizador para su viaje tras los pasos de Humboldt fue una lectura: “La medición del mundo”, de Daniel Kehlmann, novela donde el explorador y aventurero Alexander von Humboldt y el matemático Carl Friedrich Gauss se encuentran de viejos para compartir sus historias; cada cual se dedicaba, a su manera, a medir el mundo.

El viaje literario se convirtió en viaje a la realidad. Frank Gaudlitz ya había visitado Sudamérica y se encontró un día en el río Mayo, sur de Colombia, donde, recuerda, según una leyenda, el inca Huayna Cápac hizo hundir tres varillas de oro marcando la máxima extensión que el Tahuantinsuyo tenía hacia el norte. Ese tema le fascino y comenzó a leer los diarios de Humboldt. “A través ellos me di cuenta de que él seguía la ruta del Qhapaq Ñan, el sistema de caminos de los incas, cosa que él no sabía al principio”, dice el fotógrafo alemán: “Me pareció muy interesante que hubiera dos caminos históricos que se sobreponían, el camino incaico y la ruta de Humboldt”. En cierta medida, Gaudlitz recorrió y fotografió personajes y paisajes en esta ruta, conformando así tres rutas que se sobreponen en el tiempo: la incaica, la de Humboldt (1801, aproximadamente) y la suya (en 2010).

Recorrió durante siete meses, aproximadamente, desde el sur de Colombia, pasando por Ecuador, hasta llegar al norte peruano. Fue como un viaje a través del tiempo. Encontró ciudades modernas alternando con otras que no han cambiado mucho desde 1801. Esta diversidad de tiempos históricos simultáneos le llamó la atención: “En algunos pueblos la gente todavía trabajaba con la chaquitaclla como en la época de los incas y también hacían digamos los objetos de su vida cotidiana dejando de lado el plástico. Y esos mismos objetos los tenía la gente rica como objetos antiguos para exponer. Los habían arqueologizado”.

Gaudlitz mira con respetuosos ojos, pero europeos. Hay lugares agrícolas donde por lo empinado y angosto del terreno ni siquiera suben las yuntas para el arado, donde la maquinaria agrícola se oxida porque no pueden subir los cerros. Además, la chaquitaclla se puede llevar al hombro, no necesita gasolina ni técnico que lo repare.

Reconoce que “los europeos también tienen estereotipos y es muy común, por ejemplo, que la gente en Europa crea que en el Perú toda mujer anda con polleras y llevando de la mano una llama”. Por eso tomó la decisión de no fotografiar a las personas fuera, en la calle, en el campo, sino en lo más íntimo de su espacio personal”. Es cierto lo de los estereotipos, pero Gaudlitz rompe con esa imagen de “pesado ladrillo teutón” que tenemos de los alemanes.

Las fotografías de paisajes las hizo en blanco y negro y las de personas, en colores. Para él, “el color resalta más la inmediatez, lo actual, y representa una brevedad de la existencia; el paisaje cambia menos que la vida de un ser humano; tiene otro tiempo. Y el blanco y negro resalta esta condición más eterna que tiene el paisaje ante la vida, que es breve”.


Marco Fernández
Redacción

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