T’ant’a wawas

Durante todo el mes de noviembre, en el mundo andino, las t’ant’a wawas (niños o niños hechos de pan, en quechua y aymara), son elaboradas y vendidas, de acuerdo a la economía, dentro de una marcada estratificación social. Se trata de una costumbre ancestral que no ha podido ser borrada y que más ha crecido, en la medida en que establece lazos de amistad y protección frente al cada más deshumanizado tiempo en que vivimos.

Por Diario La Primera | 08 nov 2009 |    
Niños y niñas hechas de harina.

Después de “Todos los Santos” y el “Día de los Muertos”, de pronto empiezan a circular las t’ant’a wawas como signo de vitalidad y renovación de la vida. Es entonces que se realizan los bautizos como si se tratara de un niño o niña de carne y hueso. El hecho es que una pareja envía una wawa a otra familia, o una persona soltera para que se realice el bautizo. Así queda establecida una estrecha relación de alianza frente a las adversidades y desafíos del sistema.

Quienes primero reciben las wawas son las niñas y así empieza una educación para la procreación humana y futura maternidad, deben atender a sus wawas como lo harán después en la edad adulta, por eso tienen una careta con rostro de mujer. A los niños se les obsequia wawas con rostros de hombre, pero también reciben caballos y estrellas en señal de buena suerte.

En la cultura kallawaya (Bolivia) los padres de la wawa y quienes resultan compadres, festejan el bautizo durante tres días. Nada tienen que gastar los invitados porque por lo general saben que, después, alguien también le enviará una wawa y está en la obligación de hacer una fiesta mejor. Sin embargo, los kallawayas y aymaras escogen a una persona que les ofrezca el debido rango social, garantías frente a la violencia social que se produce en toda sociedad escindida.

José Luis Ayala
Editor

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