Pinceladas de Szyszlo

Cuando era joven, Fernando de Szyszlo soltó su primer “bluff” al decir que no había pintores en el Perú. Años después, se rectificó. Ya con el conocimiento que le dio la vida, supo que aquello era mentira, que la pintura y las artes siempre han gozado de buena salud en este país. Y aceptó que si hubiera conocido más de arte entonces, le habría dado la vergüenza que ahora siente por esas palabras que nacieron de su falta de conocimiento.

Por Diario La Primera | 09 julio 2012 |  2.6k 
Pinceladas de Szyszlo
Ante las declaraciones del gran pintor Fernando de Szyszlo sobre el tema de Cajamarca, he aquí algunas pinceladas sobre la materia.
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Ahora, desde hace meses, viene dando una serie de entrevistas que nada tienen que ver con el arte, desde su inicial “Conga va”. En sus constantes entrevistas, no ha hablado de los muertos (ni del agua), lo más importante en este tema. En su serie de pinturas “Cajamarca”, de los años 50, esas pinceladas sangrientas y elementos relacionados con lo telúrico y con las tradiciones indígenas antes de la conquista española, se encuentran los símbolos de la lucha que en la actualidad se vive en esa ciudad; pero Szyszlo no los ve. Si el escritor José María Arguedas estuviera vivo, aquel que le incitó poner títulos en quechua a sus cuadros, tal vez podría tener un mejor guía, como antaño, para entender al Perú que no conoce.

Alguien que sí ha recorrido la ciudad en estos días ha sido la poeta Rocío Silva Santisteban, como secretaria general de la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos, quien ha recordado que no es posible que haya diálogo libre en estado de emergencia; que la población no es dirigida por radicales, sino por representantes de la sociedad organizada; que los muertos fueron baleados por armamento israelí Galil que utilizan las Fuerzas Armadas.

Hay otra pincelada que debería conocer el gran pintor peruano: “Pinceladas de Cajamarca”, artículo del periodista Paul E. Maquet, aparecido en su blog lapalabraingenua.lamula.pe: “Luego de más de 15 años de minería, y tras las imágenes del reservorio San José (construido por Yanacocha e inaugurado por Alan García) totalmente vacío, es muy difícil convencer a los cajamarquinos que Conga les garantiza ‘más agua’”.

En una entrevista aparecida en este diario en agosto del año pasado, titulado “El arte de sacralizar la materia muerta” (la ironía que se forja con el tiempo), se editaron algunas partes de la conversación que no tenían nada que ver con el tema de la entrevista, pero que reflejan algo de lo que el pintor “sabe” sobre minas.

Para entonces, Szyszlo había dicho “Conga va” a un diario limeño. La pregunta de rigor era si conocía muestras de que la minería haya llevado riquezas a las poblaciones. “En Pasco hay minas hace cien años y no hay ricos” fue la primera afirmación. Szyszlo preguntó, ante esta afirmación: “¿Hay minas en Pasco?”. “Sí”. “¿Entonces qué esperamos para explotarlas y hacernos ricos todos?”. Con cien años de minería en Pasco, tal desconocimiento (real o fingido) es insólito. Sabemos, gracias a Ernesto Toledo Brückmann, que “El cóndor pasa” es una zarzuela estrenada en 1913 y silenciada hasta hoy (salvo una parte de la música que recordamos con ese nombre), porque era “una protesta artística por la explotación de los mineros por parte de la entonces Cerro de Pasco Mining Corporation”. La lucha de la población contra las mineras en este país es una guerra centenaria. Con el agravante de que ahora ser manifestante en el Perú tiene como pena, en la práctica, la pena de muerte al azar.

No es ésta una diatriba contra Fernando de Szyszlo, sino un llamado a la reflexión. Si la minería trae desarrollo para Szyszlo, habría que hacer una lista de los ricos y famosos que ha dejado ésta en el Perú, y, de paso, una lista de los compradores de sus carísimos cuadros.


Marco Fernández

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