Montaigne por Edwards

Una anécdota de Michel de Montaigne, de las muchas que Jorge Edwards contó en el Perú, cuando vino a presentar en junio su libro “La muerte de Montaigne” (Tusquets, 2011).

| 27 agosto 2011 12:08 AM | Cultura | 950 Lecturas
Montaigne por Edwards 950

El escritor chileno Jorge Edwards estuvo por Lima a inicios de agosto para presentar su libro “La muerte de Montaigne” (Tusquets, 2011), donde escribe sobre Michel de Montaigne, quien fuera “el primero en usar, en Francia por lo menos, la palabra ensayo”, según Edwards. He aquí algunas de sus palabras en la presentación:

“Michel de Montaigne iba mucho a Burdeos a reírse con sus amigos, a beber, a comer, a bautizos de campo, bodas de campo, y en una de esas reuniones escuchó que una señora, mujer joven, robusta, de buena forma, había ido a una de estas bodas y había bebido bastante vino y se había emborrachado sin darse cuenta y al regreso a su casa se había quedado dormida en la calle. Esta señora, con gran sorpresa, descubrió después de un tiempo que estaba embarazada y no sabía de quién. Entonces, en vez de meterse a un convento, como se hacía en esos años, escribió un aviso en un cartel que reprodujo. Colocó los carteles en los edificios del pueblo, árboles y diversos lugares: ‘Si un señor se presenta y declara que es autor de este desaguisado, yo prometo casarme con él’. La señora tenía sus tierras, tenía su buena situación. Se presentó un señor joven y dijo que era el autor de ese desaguisado. Él había pasado por ese camino, la había visto tendida y parece que la falda estaba subida y se le veía las piernas… Él se casó con ella. Y Montaigne dijo ‘Y vivieron hasta el final de sus vidas felices y contentos’. Esta es una buena lección. En vez de seguir una forma represiva (para solucionar el problema), siguieron un camino natural y vivieron felices.

Me parece que las historias de Montaigne son historias, en cierto modo, morales; dan una lección de vida, de libertad. Él dice que cuando discutía con una persona, no podía evitar convencerse con algunos de los argumentos del otro. Dice, hablando del santo de su nombre, San Miguel: ‘San Miguel, en la figura tradicional, siempre está aplastando una serpiente, que representa el demonio, el mal, el erotismo, y Montaigne dice ‘Yo enciendo un cirio a San Miguel y otro cirio a su serpiente’. Me parece que esta es (muestra) de sabiduría. Hay una verdad en San Miguel y otra en la serpiente de San Miguel. Ese ha sido el estímulo, el fondo que me ha llevado a mí a escribir ‘La muerte de Montaigne’”.


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