“Mi mejor trinchera es la prensa”

Políticamente “incorrecto” cuando lo correcto es no llevarse mal con nadie, y menos con los que tienen el poder en el Perú, Raúl Wiener mantiene la “incorrección” de su propuesta periodística.

| 25 octubre 2012 12:10 AM | Cultura | 1.5k Lecturas
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“Nací siendo periodista”, confiesa Raúl Wiener, quien recuerda sus pininos en el colegio. Fue en 1981 en que comenzó a trabajar como jefe de la página económica en “El Observador”. “Con esa convocatoria, creo, se inauguró una especie de variante del periodismo económico, que hasta entonces solo consistía en publicar la Bolsa de Valores, el tipo de cambio y algún artículo traído de una revista internacional; era solo para especialistas”, recuerda

—¿En qué cambió?
—Introdujimos temas de debates sobre economía, pusimos la economía en el conocimiento de la gente y llegamos a una audacia que no se conocía entonces: hacer titulares de primera página con noticias económicas. Nadie imaginaba un titular que dijera “Sube la inflación” o cosas de ese estilo.

—¿Aprendió a serlo o nació como un periodista políticamente incorrecto?
—Bueno, la verdad es que yo pensé que era un periodista correcto, pero aquí incorrección significa no tener que guiarse por la pauta social de que hay que decir cosas para mantener los equilibrios. Yo he sido reacio a ese tipo de cosas, porque si voy a decir lo que dicen los demás, ¿para qué escribo? He buscado hacerme cargo de los intereses de la gente que menos expresión tiene en los medios y de ser contestatario, de provocar, y eso es políticamente “incorrecto”.

—¿Cuántos periodistas de su tipo necesitamos para poder arreglar este país?
—Precisamente por eso soy incorrecto, porque, la verdad, ésta es una tarea que te la tomas individualmente. En verdad, el país lo que necesita es gente para transformar, políticos honestos. Yo soy periodista y he sido político a la vez; sin embargo, debo de decir que mi mejor trinchera es la prensa.

—¿La prensa escrita es la que, con mayor facilidad, puede ser de oposición?
—En el mundo, los medios se van concentrando cada vez más; las posibilidades de opiniones disidentes se hacen más difíciles. Internet ha producido una especie de brecha por la cual aparecen otras opiniones. Pero tener un programa en la televisión o en la radio son experiencias que no solo depende de que tengas recursos suficientes; muchas veces ya está copada la propiedad de estos medios y tienes que tratar con gente que no te dará espacio aunque le pagues. Yo lo he vivido de manera continua. La prensa escrita es lo menos cerrado que hay porque es difícil impedir que puedas sacar otro medio, pero de ahí a que la gente lo tome en cuenta es una proeza. Esa proeza la hizo LA PRIMERA y deberíamos estar orgullosos de eso. Bueno, a veces no sabemos bien lo que tenemos.

—Cuando escribe, ¿piensa en la gente afectada o en los grupos de poder?
—Cuando escribo pienso en contradecir la versión oficial existente. Cuando digo la versión oficial no solo me refiero a la del Estado, sino también a la de los grupos económicos; para contradecir los sentidos comunes. Y para desarmar sentidos comunes hay que construir sentidos opuestos, porque la simple descalificación de la idea impregnada en la sociedad, la simple declaración de que eso es malo o está podrido no te sirve para nada. Nadie aprende de eso nada. Por eso mis notas buscan ironizar, desentrañar la lógica con que se está hablando para oponerlo con otra lógica. Uno escribe para el gran público; abiertamente para todos.

—Cuando presentó “Fe de ratas”, se dijo que si se tomara en cuenta lo que ahí se describe, Alan García estaría en la cárcel. ¿Un libro puede hacer eso?
—No, pero lo que sí puede hacer es ayudar a abrirle pistas a los investigadores y a los que tienen la tarea de juzgar. En realidad, los libros para mí han sido un refugio, porque también había periodos en que no había prensa escrita dónde publicar. En los 90, por ejemplo. Como los amigos de “La República” no habían tenido mucho interés en mi participación, yo no tenía dónde escribir. No habiendo entonces LA PRIMERA ni ningún lugar posible, una de las fórmulas para hacerlo fue escribir libros. Yo tengo 23. Muchos de ellos están dedicados a investigaciones. Y un tema al que yo he prestado bastante interés es a esos grandes robos que se llaman “privatizaciones”. A fines de los 90 y a principio de 2000, me di esta tarea de escribir casi a diario columnas, y ahora es mi forma de vida; columnas que las enviaba por internet.

—Si no existiera LA PRIMERA, ¿dónde escribiría?
—No sé, de repente en “Hildebrandt en sus Trece” (ríe).


Marco Fernández
Redacción


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