La urgencia de una novela

Hace unos días, la emisora francesa Radio París Pluriel entrevistó al reconocido escritor peruano Alfredo Pita, quien habló con libertad y solvencia de su narrativa y sus temas principales, también de la amistad que tuvo con escritores de la trascendencia de José María Arguedas y Julio Ramón Ribeyro, así como con artistas peruanos que siguen viviendo en Europa, como el pintor Herman Braun.

| 26 febrero 2013 12:02 AM | Cultura | 2.1k Lecturas
La urgencia de una novela
Alfredo Pita anuncia su próximo libro sobre la violencia política.
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Hace unos días, la emisora francesa Radio París Pluriel entrevistó al reconocido escritor peruano Alfredo Pita, quien habló con libertad y solvencia de su narrativa y sus temas principales, también de la amistad que tuvo con escritores de la trascendencia de José María Arguedas y Julio Ramón Ribeyro, así como con artistas peruanos que siguen viviendo en Europa, como el pintor Herman Braun. Un tema que también se abordó fue el compromiso del escritor con la sociedad. “La figura del escritor revolucionario tiende a desaparecer, felizmente”, dijo, pero a la vez indicó que le parecía “una desgracia que el artista se exonere de una participacion cívica en la sociedad”. En el Perú de hoy, subrayó, “hay que luchar contra la destrucción de la naturaleza en vastas regiones del país y contra la destrucción de la democracia por los timadores y estafadores que tenemos como autoridades”.

Ante uno de los entrevistadores de la radio, el profesor Abraham Prudencio, Alfredo Pita anunció que ha terminado una novela cuya historia transcurre en Ayacucho, en pleno conflicto interno. En razón de esto, lo hemos buscado para que nos hable de su nueva novela y otros temas.

—¿Su compromiso ciudadano explica su activismo antiminero?

—No soy antiminero por las puras. Estoy contra la real y probada destrucción de las fuentes de agua y del marco de vida de la gente. En esta medida acompaño de todo corazón la lucha de mi pueblo, Celendín, en Cajamarca, contra el proyecto Conga, en vista de que el gobierno ha optado por convalidar la acción criminal de la mina.

—Su visión del compromiso ciudadano tiene poco que ver con la antigua noción del “arte comprometido”…

—No tiene nada que ver. Esa noción era una invitación al arte mediocre. La única obligación artística que debe tener un escritor es escribir bien.

—¿Qué lo ha motivado a tocar en su libro el tema de la violencia política?

—Bueno, son muchos los motivos que tengo. Estuve en la zona de Ayacucho en 1983, reemplazando a uno de los periodistas asesinados en Uchuraccay. En las semanas que pasé en el lugar vi muchos cadáveres, por lo que el drama de la violencia interna lo he llevado siempre en mí, como posible tema para un libro, como una deuda para con mis colegas muertos y para conmigo mismo.

—Otros ya han tocado el tema e incluso piensan que está agotado.

—Se equivocan. Los años de la violencia apenas comienzan a ser tratados. Vendrán más libros y más historias. Muchas cosas están por decirse.

—¿Podría darnos un adelanto sobre su novela?

—Es la historia de un periodista que llega a Ayacucho en 1991 para intentar un gran reportaje y que busca entender la mecánica de la guerra sucia que se daba allí.

—¿Su actuación como periodista tras la masacre de Uchuraccay, de alguna forma, le ha dado elementos para su novela?

—Uchuraccay está presente en la historia, pero como parte de un telón de fondo. El relato es un lento viaje en los meandros culturales que esconden la realidad social peruana y explican la violencia. Para un peruano, limeño o no, entender Ayacucho en esos años era difícil. Había que ser ayacuchano para comprender lo que allí ocurría. Para subrayar esta distancia, mi personaje es un extranjero algo anarquista y sin prejuicios.

—La violencia en Ayacucho, ¿cómo la aborda?

—Es difícil responder a esto. He intentado recrear el horror cometido contra los individuos, pero buscando también un diapasón para la tragedia colectiva.

—¿Cuánto tiempo le tomó la redacción?

—Empecé a escribirla hace diez años, pero la interrumpí.

—¿Por qué…?

—Por lo que has dicho, había mucha gente publicando sobre Ayacucho. No quería aparecer como un escritor oportunista que se aprovecha de un tema de moda.

—¿Cuál es el título?

—El manuscrito lo he trabajado bajo el título de ‘1991, la Batalla de Ayacucho’, pero no sé si será el título definitivo. La voy a publicar en Europa, seguro, pero quisiera que salga pronto en el Perú. Para esto tengo que hallar el editor adecuado. Necesito en Lima un editor que me pague un adelanto correcto, un dinero para ayudar a los familiares y víctimas de la violencia que el Estado peruano ha desatado contra la población campesina de Cajamarca.


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