Jarana a ritmo de jazz

Antes de publicar el primer disco del Sexteto de Jazz Afroperuano, Gabriel Alegría, líder del grupo, reparó en que le faltaban canciones. Para ese disco, llamado “Nuevo Mundo”, grabaron de relleno “Summertime”, una de las cientos de versiones de esa canción, y fue un éxito. Ahora, en el disco que promocionan en su actual Gira Urbana, “El secreto del jazz afroperuano”, esta versión está grabada en vivo. Lo hicieron sin avisarle, de forma secreta, en una presentación. De ahí el nombre del disco.

Por Diario La Primera | 23 jul 2012 |    
Jarana a ritmo de jazz
Gabriel Alegría habló sobre su nuevo disco, antes del fallecimiento de Carlos Hayre.

—Le preocupa que haya gente que hace fusión con elementos afro y no le sale. ¿A quiénes se refiere?
—No me refería a una persona. Me han llegado discos peruanos, europeos, americanos… Hay varios grupos funcionando y tocando en vivo. Te llegan las propuestas y a veces te dices ¿por qué han hecho eso? No está mal el hecho de que toquen festejo, panalivio, landó, pero de alguna manera el lenguaje no cuaja, no se siente natural, sino forzoso. No comprenden los elementos. Ese facilismo me fastidia un poco; porque mucha gente escucha eso y dice entonces que no le gusta la fusión. Sin embargo, la gente más purista adora lo que hacemos nosotros. En esta gira estamos tocando en las peñas, y los criollos criollos nos van a ver; Carlos Hayre es un fan nuestro; Avilés, todos van a vernos…

—¿Qué opina, por ejemplo, del trabajo de Richi Zellon?
—Él es una de las personas que, en el año 80 y algo, hizo discos como “Afroperuvian Jazz Session”,… más que nada con extranjeros, y él y Álex Acuña, Jean Pierre Magnet, Manongo Mujica, todos ellos son, digamos, la generación anterior a la mía, que ha incursionado en World Music, en crear música con influencias peruanas y mezclarlas con otros conceptos. Lo nuestro es más los elementos directamente jazzísticos, los del blues, la improvisación, secuencias armónicas funcionales; las de ellos son modales, no tienen la funcionalidad que tiene la secuencia armónica del jazz. Y nosotros escogemos el repertorio por razones técnicas, pero más por razones de química, una cosa espiritual entre el tema y el ritmo. Vemos si la vivencia es la correcta, porque hay música norteamericana y música peruana que ensamblan perfectamente como “Summertime”, y hay otras que no. Es una cosa vivencial. Hay algo ahí que no sé cómo lo pones en términos musicales. Y nuestra preocupación va más por ese lado.

—¿Qué caracteriza al Sexteto?
—Cuando ves al grupo vas a ver que es una jarana, pero vas a escuchar que es un grupo moderno tocando jazz. Vas a sentir una jarana; está el guapeo, está todo lo que verías si te sientas en una peña en una noche.

—Además, hay peñas que se organizan en casas. Peñas espontáneas.
—Claro. Hay una que se llama El Mordente, que no es oficial; es la casa de Guido Arce y Cecilia. Después, hay otra que solo es por invitación, que es la Catedral, de Wendor Salgado, que es también su casa. Yo no soy conocedor, pero ahí puedes pasarte tres horas y no reconocer ni un solo vals. Y en Nueva York, lo mismo hacemos con el jazz.

—Se dice que eres el pionero del jazz afroperuano.
—No, eso es un error. En lo que nosotros somos los primeros, quizás, es en armar el lenguaje que tenemos. Nosotros hemos dicho que este formato, esta manera de combinar las cosas funciona… Pero antes estaban Richi Zellon, Álex Acuña y todos experimentando. Para mí, son los elementos de armonía funcional del blues y conocimiento no solo de ritmos afroperuanos, sino también criollos, y el espíritu. Y la instrumentación, porque usamos guitarra, no usamos piano; hay cierto balance. Pero tú sabes que en el arte nunca se debe decir que alguien ha inventado algo. Eso deberías poner (en la entrevista), que yo digo eso, porque me ha caído palo, me han mandado “e-mails”. Acuña me escribió “¡cómo!, ¡qué te has creído!”, y yo le dije, “maestro, yo jamás en la vida diría eso, nunca se lo he dicho a nadie…”.

—Tiene un doctorado en jazz. Y lo demás ¿lo aprendió aquí?
—Toda la música peruana la he aprendido en la calle. Fredy “Huevito” Lobatón es una de mis principales fuentes de información.

—El cómo debe ser el jazz afroperuano, ¿lo supo por la academia o por la calle?
—Esa es una buena pregunta. Creo que lo hemos ido forjando juntos. Hemos arrancado en 2005. Ya son 7 años. Hemos tocado como 600 veces. Mi trabajo es darme cuenta de lo que funciona y lo que no funciona. Es como una tesis. Vas desarrollando la idea y, de pronto, dices ¡ah!, por ahí va.


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