Extraña mezcla de técnicas dislocadas

Wilbert Bendezú ha vuelto a publicar un texto que no es aleatorio y tampoco trata de establecer un nuevo género literario. Viene a ser una extraña mezcla de géneros desarticulados.

Por Diario La Primera | 02 marzo 2009 |  989 
Extraña mezcla de técnicas dislocadas
IV edición de un libro híbrido y de difícil lectura.

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DETALLE

Los últimos días de Haya de la Torre; sin embargo, contiene cartas, testimonios, fotografías y ensayo de firmas de Haya de la Torre, una de ellas aparece en la Constitución de 1979.
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Después de leer con ojos zahoríes un libro como El final de un hombre llamado a hacer historia. Los últimos días de Haya de la Torre, cuyo autor es Wilbert Bendezú, nada más y nada menos que Vicepresidente del Parlamento Andino, el lector se pregunta: ¿Se trata de un libro de historia? ¿Es acaso un testimonio? ¿Es una novela? ¿En qué género literario se ubica esta loca mezcla literaria?

No se trata de referirnos al autor que parece ser un constante aficionado a la grafomanía de temas políticos, menos a la respetable ideología que profesa, al partido que milita, ni al fundador Víctor Haya de la Torre. La crítica se refiere a un aspecto estrictamente formal: al género literario en que está escrito el libro. Pero no es un libro que pretenda establecer un nuevo género.

El propio Wilbert Bendezú, al suscribir el texto Sólo unas palabras, dice: “Todos los personajes de esta novela son verdaderos. En consecuencia, los hechos en ella relatados – en su mayor parte – han sucedido tal como se narran, lo cual no quiere decir que esta versión sea totalmente valedera, pero estoy seguro que se aproxima mucho”.

Como si no bastara su desconocimiento de conceptos como historia y ficción, Wilbert Bendezú, vuelve a la carga y se equivoca: “La novela está dividida en XIV capítulos, fue escrita entre el verano y la primavera de 1979. De modo que los sucesos posteriores ocurridos dentro de mi partido, no han influido de ninguna manera en su estructura”. ¿Qué estructura?

No se trata de los hechos sino de la forma literaria. Bendezú no sabe diferenciar al narrador de la “historia”, al fabulador “interno” y mucho menos al escritor que recurre a la ficción para presentar una mentira como si fuera verdad. Confunde personajes, los hace hablar y transcribe opiniones. Eso no es una novela y menos historia, habrá que inventar una palabra nueva para calificar y definir inteligentemente qué es este texto.

Al referirse al 2 de marzo de 1979, escribe: “Son las diez de la mañana. Wilbert se levanta sobresaltado, casi en toda la noche no ha podido conciliar el sueño. Se retuerce en su dolor profundo”. Es decir: “Yo mismo soy”. En consecuencia, el libro debería ser retirado de la circulación porque como dice Octavio Paz, si habría cadena perpetua para quienes maltratan el idioma (y los géneros) muchos no estarían libres.

¿Qué dicen de este texto los académicos que vigilan el buen decir como el buen escribir? ¿Lo ha leído Martha Hildebrandt? ¿Qué hubiera dicho de esta antitextura el severo crítico Luis Alberto Sánchez? Seguramente que le hubiera causado un tremendo disgusto y quizá no lo hubiera leído, salvo error u omisión.

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