El hombre que le vendió el alma al diablo: El violinista demoniaco

La lucha entre el bien y el mal se ha librado desde los primeros tiempos de la humanidad y ha formado parte del bagaje histórico del mundo. Los seres humanos, a través de las pinturas, música, escultura, etc., han personificado al bien como algo divino y puro y al mal como algo demoniaco.

| 09 noviembre 2017 11:11 PM | Cultura | 2.3k Lecturas
El hombre que le vendió el alma al diablo: El violinista demoniaco
El virtuoso era conocido como Nicolás Paganini, violinista.
Por: Claudio Quiñonez

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Cuando tocaba el violín, una gran sombra oscura se situaba detrás de él para acompañarlo en su danza fúnebre
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Remontándonos a unos siglos, conoceremos la historia de un violinista que le vendió su alma al diablo para poder realizar proezas en el violín, que ningún humano era capaz de hacer. El virtuoso era conocido como Nicolás Paganini, violinista, violista, guitarrista y compositor italiano, considerado entre los más virtuosos músicos de su tiempo, reconocido como uno de los mejores violinistas que hayan existido y poseedor de un oído absoluto, una entonación perfecta y técnicas de arco expresivas.

Nació en Génova donde estudió la mandolina con su padre a los cinco años. A los siete, comenzó a tocar el violín e hizo su primera aparición pública, pero no fue sino después de su aparición en los grandes conciertos, donde lograba asombrar tanto al público de la época que muchos llegaron a pensar que existía algo diabólico en su ejecución.

Era conocido por su vestimenta extravagante, grandes extremidades y dedos largos, capaces de ejecutar sus obras, de una manera apacible y sin grandes esfuerzos. Los músicos de su época creían que había vendido el alma al diablo para poder ejecutar obras que hasta los momentos nadie podía hacerlo con tanta soltura y gracia.

De hecho, muchos decían que cuando tocaba el violín, una gran sombra oscura se situaba detrás de él para acompañarlo en su danza fúnebre. De la mano de sus violines, entre lo que estaban dos Stradivarius, dos Amati y un Guarnerius, este último fue llamado por el músico Il Cannone (El cañón), daba sus grandes conciertos en donde fascinaba a la audiencia interpretando obras de gran dificultad. Inclusive llegó a ejecutar piezas con una sola de las cuatro del violín, y continuar tocando en dobles cuerdas o triples cuerdas, de forma que parecía que varios violines estuviesen sonando al mismo tiempo. Esta y muchas razones hacían entender porque este artista era preso de la opinión de que algo sobrenatural había en él.

A pesar de que se pensaba que tenía un pacto con el diablo, el violinista murió de una forma bastante mundana. Su salud fue empeorando a causa de la tuberculosis y dos episodios de hemoptisis (tos con sangre proveniente de los pulmones), siendo este último el que lo llevó al umbral de la muerte. Falleció el 27 de mayo de 1840 en Niza.

Sus legado incluye 24 caprichos para violín (considerados la cumbre de la técnica violinista), 6 conciertos y varias sonatas, que influyeron de manera decisiva en otros grandes compositores de la época.


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Fuente: > Claudio Quiñonez
La Primera Digital

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Colaborador 9324 La Primera Digital