Chabuca Granda, España y el rey

En efecto, cuando Eduardo González Viaña residía en Madrid, a finales de los años setenta, se encontró con Chabuca Granda, que había llegado allí en visita privada logrando pasar inadvertida.

Por Diario La Primera | 11 ene 2009 |    
Chabuca Granda, España y el rey
Chabuca en la memoria de Eduardo González Viaña.
El escritor Eduardo González Viaña recuerda que en Madrid, Chabuca Granda le dijo: “Este país ha cambiado muchísimo, pero los españoles siguen siendo los mismos”.

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DETALLE

Eduardo González Viaña (Pacasmayo-1941), novelista y docente universitario. Su libro ‘El Corrido de Dante’ fue traducido al italiano y presentado en la feria de Turín (Italia).

“Eran aquellos los tiempos de la transición a la democracia -recuerda el novelista-, una transición en la que pocos creían y a la que nadie llamaba así porque, anclados en el pasado, tan sólo podíamos concebir como única alternativa española un imposible retorno a la República o un franquismo con corona, películas francesas, dirigentes más jóvenes y recatados bikinis en Marbella”. El autor de ‘El corrido de Dante’, afirma que: “Los más pesimistas no le daban un año de vida al naciente no sé qué español, y se pensaba que cualquier día de esos algún generalote se decidiría a ‘poner la cosas en orden’. En el viejo orden, por supuesto. Además, en la propia plaza España, junto a la estatua del Quijote, había presenciado yo una gigantesca manifestación fascista en la cual la gente comenzaba ya a protestar por los atisbos democratizantes del joven rey y algunas voces emergidas del pasado coreaban: ‘¡Abajo los librepensadores!’, ‘Juan Carlos al paredón, por comunista y por masón’.

González Viaña dice que Chabuca tenía otro criterio: “Ni siquiera los españoles saben lo que les espera. Pero ahora se viene el cambio más grande que haya conocido esta tierra desde el tiempo en que fue invadida por los árabes. No se lo creí, pero quería creérselo porque siempre me acercó a Chabuca un tipo de amor filial que también profeso por España. Y además tenía que creérselo porque los poetas -y ella lo era- hablan en nombre de la historia, o más bien la historia habla a través de ellos”.

“La razón son los propios españoles, hijito, y además el rey que les ha tocado. Los españoles parecen muy broncos y tratan a todo el mundo de ‘este tío’ y ‘esta tía’, pero lo hacen para que nadie se dé cuenta de que son dulces y generosos y para que tampoco se sepa que el tiempo los ha convertido en una nación muy sofisticada”.

“¿Y el rey?”, pregunté. “No te olvides que, en pleno siglo XX, Franco les ha impuesto un rey para que no lo olviden. El rey es parte de su testamento maldito”. “El rey es un muchacho modesto”, me dijo Chabuca acerca de Juan Carlos I, quien todavía no terminaba de llegar a los cuarenta. “Y para muestra, fíjate en el palacio que ha escogido. El palacio de la Zarzuela, hijito. Ese es un palacio de clase media”.

“Además”, agregó, “cuando era chico lo creían mudo y tonto como se debe suponer a un Borbón después de haber sufrido un Fernando VII. Pero este chico es un hombre con autoridad y gran inteligencia”.


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