Valle de Volcanes

Le llamaban “el chúcaro” y muchos le temían. Después de todo era dueño de casi todo y nadie se podía casar o morirse sin su autorización y previo pago de los diezmos. No exigía derecho de pernada porque ya hubiera sido demasiado. Pero el día de su cumpleaños lo paseaban en andas por toda la plaza mayor y las campanas tañían en su honor y se hacían corridas de toros.

Por Diario La Primera | 05 setiembre 2009 |  5.2k 
Valle de Volcanes

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DETALLE

Hay vuelos en avioneta desde el Aeroclub de Arequipa para sobrevolar el valle. La vista es espectacular. Pero mejor es mirarlo a pie, descubriendo cada relieve, cada recodo. Hacia el sur de Andagua, a corta distancia, se levanta agudo el Nicaccaca, rodeado por un áspero piso de rocas lávicas. Es un volcán pequeño, embrionario, a cuyo pie se encuentran restos de antiguas poblaciones, probablemente Wari, mimetizadas con los accidentes rocosos; existen además cuevas con restos de esqueletos humanos. Los cráneos presentan trazas de trepanación con evidencias de recuperación, lo que es motivo de importantes conjeturas.
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El remedo andino del señor feudal era el gamonal, señor de señores, con el fuete y el cuchillo en la cintura. Pero luego se volvió viejo y sus hijos vendieron casi todo y se lo llevaron a Arequipa. Nunca más volvió a Andahua, nunca más anduvo por las faldas del Puca Mauras, el volcán enano ni pudo correr en su caballo, hacia sus haciendas de Soporo o Ayo, donde tenía viñedos y fabricaba su propio vino. Se fue diluyendo de a pocos en su propia alma, en sus recuerdos de poder. A principio de la década de los 40, la ruta hacia Arequipa demoraba tres días, dos días a caballo por caminos de herradura, llenos de cactus ardientes y un día en camión por el valle de Majes. El viaje bordeaba al Coropuna, a más de 5 mil metros de altitud, con su golpe de soroche y frío. A la esposa del chúcaro, la llevaron sentada en una mecedora y a lomo de indio, durante los dos días mientras la lenta caravana de mulas, cerones y niños avanzaba a duras penas. Yo era uno de los niños- de apenas cuatro años- que viajaba en uno de los cerones o canastas de mimbre a lomo de mula y vigilado de cerca por mi padre, uno de los hijos del Chúcaro.

En Andahua, la única casa de dos pisos y techos de calamina era la casa hacienda de “el chúcaro”. Ahora ya no existe. No quedan ni siquiera los fantasmas. La falta de agua de antiguos puquiales han secado los campos fértiles.

Los que no han cambiado son los volcanes, Siguen allí con su boca de fuego mirando al cielo y sus faldas de ceniza y lava negra.

El Valle de los volcanes tiene el aspecto de un espacio inventado, una memoria detenida en el tiempo, cuando la tierra se hacía más tranquila, escupiendo lava ardiente hacia los valles.

Es uno de los lugares más extraños y fascinantes del Perú. Se ven más de 85 volcanes enanos que aparecieron y erupcionaron hace unos 15 mil años. Ocupan un territorio de 65 km. cuadrados. Su origen sería consecuencia de una o dos erupciones del volcán Coropuna, y de otros similares ya destruidos. Tiene una antigüedad aproximada de doscientos mil años.

Ahora el turismo ecológico gana espacio y los viajeros que van y vienen de las minas de oro de Pampacolca, se detienen a comer y beber antes de enrumbar a Arequipa.

Ronald Portocarrero
Redacción

Referencia
Propia



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