Las viñas del sol

Las arenas del desierto de Ica arden de día y reposan de noche, construyendo un clima apropiado y único para los sembríos de diversos tipos de uva tanto para consumo en mesa como para convertirlas en vino y pisco.

Por Diario La Primera | 31 jul 2010 |    
Las viñas del sol

Es la temperatura, la sequedad de la tierra, el sol y el frío, tal vez el sonido del viento que sacuden las hojas. Pero uno siempre se maravilla mirando los racimos de uvas levantándose entre las ramas, ofreciendo la miel de sus jugos que luego serán un nuevo manjar para el paladar, un manjar que se bebe despacio recordando, a través del aroma, las tierras donde crecieron, el sol del desierto cuando muere el día.

Pero no siempre las uvas estuvieron ahÑ Las primeras cepas fueron traídas por los españoles en 1551. Fue un señor llamado Hernando de Montenegro que las introdujo, pero nadie sabía si los suelos del Perú podían ser apropiados para la delicada planta. Se plantaron en los alrededores de Lima y Cusco, luego en Ayacucho y Arequipa. En todos estos lugares lo viñedos prendieron pero fue en Ica donde tuvo su mayor expansión por las condiciones del clima y los acuíferos que la planta supo aprovechar para crecer a su aire.

La información más antigua que se refiere al proceso de fabricación artesanal de vinos y piscos data de 1613, según el historiador Lorenzo Huertas. Es un testamento de un pequeño hacendado de Ica que declara tener entre sus bienes “una esclava criolla, 30 tinajas de aguardiente, un barril lleno y algunas botijas más, También una caldera de cobre y un alambique”.

Así fue creciendo esta actividad hasta generar lo que hoy es ya una industria reconocida en todo el mundo, particularmente el Pisco peruano.

Producida ya la independencia del Perú en 1821, algunos años más tarde y en plena convulsión por el nacimiento de la nueva república, el Cónsul Británico Mr. Wilson, informa a sus superiores señalando que en los valles Ica, Palpa y Nazca, se destilaban unas 20 mil botijas al año, que equivales a 1 millón 400 mil litros.

En 1830 el autor De Sartiges en su obra ¨Viaje a las Repúblicas de América del Sur¨ habla de los jarros de barro llamados ¨pisquitos¨ y refiere lo que podría ser la primera referencia al pisco sour. “un ponche sambayón, espumoso, compuesto de aguardiente de uva, clara de huevo y azúcar”.

Luego vendría la historia del invento del pisco sour alrededor de 1920 en el bar del hotel Maury y después en el bar de la competencia, el hotel Bolívar.

Luego de tantos años, de los viajes y los amores perdidos, de las celebraciones, la uva siempre está presente en las mesas y en los vasos de todos los peruanos. Pero siempre recuerdo la Bodega del señor Mejía en Ica, viéndolo destilar su mejor pisco que luego guardaba en la sombra en enormes pozas de frío concreto, como para que la bebida reposara y concentrara sus poderes antes de ser servida en una copa redondeada como las caderas de una muchacha.

Ronald Portocarrero
Redacción

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