Las manos del viento

La escultura es un arte antiguo. Tallar con las manos la roca dura o el sillar volcánico, la piedra de Huamanga o la madera amazónica, incluso el hielo, ha permitido al artista peruano lograr obras de belleza singular.

Por Diario La Primera | 11 set 2010 |    
Las manos del viento

Pero no sólo el hombre es un eximio tallador que transforma los volúmenes. También el viento tiene manos de artista. Y el agua, conjuntamente con la tierra que tiembla, crece, se ajusta al ritmo de los tiempos. La naturaleza tiene el poder de levantar museos gigantescos al aire libre donde mostrar su poder y su arte. Son los bosques de roca que se alzan a lo largo de la cordillera desde Cumbe Mayo en Cajamarca hasta Tinajani en Ayaviri, Puno, sin dejar de admirar Huayllay en Cerro de Pasco o Marcahuasi en las alturas de Lima.

El viento y la lluvia han demorado miles de años en construir estos museos, con la paciencia que nunca los hombres tendremos para alcanzar la perfección. Y pareciera que contemplan desde algún lugar desconocido y nos dibujan recreando figuras antropomorfas y zoomorfas, que nuestra imaginación y su enorme tamaño, a veces las confunden con divinidades que nos acompañan desde inmemoriales tiempos.

La comunidad de Tinajani se encuentra a unos 15 minutos de Ayaviri, y sus habitantes se dedican a la actividad pecuaria. Y se sienten orgullosos de su bosque fantástico, labrado por el granizo, el viento y las lluvias a través del tiempo. Y cuentan sus leyendas más antiguas, desde cuando no hubo sol ni luna y los habitantes eran gigantes dueños del mundo, con sus casas, sus familias y sus hijos, hasta que un día el sol apareció y todos fueron petrificados. Ahora son los gentiles que dieron origen a la vida y los guardianes de todo lo que existe sobre la tierra. Por eso los “yatiris” hacen ofrendas en este lugar sagrado, donde se siente la enorme energía de la tierra.

Y es que todas esta zona tiene muestras de actividad volcánica como los baños termales de Pocpoquella, uno de los atractivos de Ayaviri junto con el cañón de Keuñahuyo, con sus cascadas y bosques de queñua y cuevas y rocas como en Tinajani.

Desde la estación del tren una vasta extensión de humedales que le llaman la Moya, se muestra activa con las guallatas, las alpacas, vacas y carneros que llegan allá a comer pastos y berros que crecen a la vera de los canalitos de agua que inundan cada espacio.

Pero no sólo naturaleza se encuentra en estos parajes. La historia de la independencia tiene también aquí un lugar para la memoria en honor del poeta joven de Arequipa, Mariano Melgar, que combatió en las guerrillas de la revolución de los hermanos Angulo y que fue fusilado a los 21 años en Umachiri el 12 de marzo de 1815, apenas a 6 años antes de la declaración de la independencia en 1821.

Hay algo aquí de enorme magnetismo y respeto. Es como si el arte del viento nos tocara para dibujar nuestro rostro cuando ya no estemos en este mundo. Es la misma sensación de asombro que se tiene también en el bosque de piedra de Imata o en las tallas de arenisca cerca al Cañón del Colca a la entrada por Callali hacia Chivay. Son como espacios desconocidos que es necesario descubrir.

Ronald Portocarrero
Redacción

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