La Ruta de la Serpiente

Iquitos es el lugar que resume todas las visiones, toda la magia de la amazonía. El circuito sinuoso de los ríos es el espejo de las serpientes o la metáfora del ADN ancestral. Al pie del Amazonas es posible ver a la luna llena de color rojo intenso, mucho más rojo que el planeta Marte, reflejándose en el espejo del río en una noche oscura. Mientras los sonidos de los insectos nocturnos avivan los oídos.

| 19 setiembre 2009 12:09 AM | Crónicas del Perú | 4k Lecturas
La Ruta de la Serpiente

Más datos

DETALLES

• El Amazonas, río inmenso y legendario. Es el de más grande caudal en el mundo. Tiene un lecho muy sinuoso con numerosas curvas que son amplios meandros de gran radio y que evolucionan constantemente. Existen contradicciones sobre su longitud, la cual se calcula en aproximadamente 6.762 kilómetros hasta su desembocadura en el Atlántico.

• El Amazonas es navegable por buques de todo calado, su cauce es muy profundo, alcanzando en algunos puntos hasta 240 metros. El principal puerto peruano del Amazonas es la ciudad de Iquitos
4044

Los males del cuerpo son tan importantes como los males del alma. Si un amor te deshabita, ¿Cómo te curas?. El cuerpo no resiste la ausencia de la persona amada. El llanto no cura y la tentación del suicidio gravita de manera muy fuerte para resolver el dolor que no cesa. Don Juan Panduro era un hombre grande, fornido, de piel curtida por el sol de los trópicos, las lluvias amazónicas y el tiempo. A sus 90 años tenía el conocimiento que heredó de su padre y de sus abuelos, insignes shamanes bajo la protección de la “soga madre”.

Ir en busca de la selva y sus aromas y del Ayahuasca, la “soga madre” o la “soga de los muertos”, es una experiencia muy especial. A pesar del nombre no se trata de la muerte sino de la resurreción. Don Juan Panduro sabía que la muerte no existe en el tiempo circular de la cosmogonía prehispánica. Sabía antiguos harawicus o “palomitas quechuas”:

Palomita blanca
Piquito de oro
Alas de plata
No te remontes
Por esos montes
Que yo lloro.

Don Juan pasó sus 90 años de vida en la selva de Iquitos. Cuando le pregunté ¿Cómo sabía esos versos prehispanicos?, contestó que su padre se los había enseñado, de la misma manera como le enseñó las propiedades curativas de las plantas amazónicas. Y la gente se curaba de los males del alma y del cuerpo bajo el sonido de su palmera en la mano y el tabaco mapacho, bajo los efectos del brebaje que abre las compuertas del subconsciente. Cuando el subconsciente se libera por efectos del Ayahuasca, todo queda claro, los miedos, la luz, los colores bajo la sombra de la floresta verde, la tristeza desaparece como por encanto y tal vez, de entre las sombras de la noche, un amor te espere fresco y reluciente como agua de manantial. En la selva todo es posible, de ahí su magia, su naturaleza, su capacidad de limpiarte la mirada y aguzar todos los sentidos.

Algo tiene que ver el oxígeno puro que se respira en las selvas amazónicas. El gran pulmón verde funciona como una gigantesca cámara hiperbárica. El viaje del Ayahuasca es un viaje al interior de uno mismo para saber quiénes somos y a dónde queremos ir. Don Juan Panduro ya no está, pero su sabiduría continúa entremezclada entre las aguas de los ríos y la luna roja que se refleja en el espejo del río, cuando hay un eclipse de luna. Iquitos es una necesidad para los ojos y para saber que aquí está el centro de todo. Una anaconda es la metáfora del poder y del ADN que uno mira después del Ayahuasca. Pero cuidado, viajero, la “soga madre” no debes buscarla en los catálogos de venta de los paquetes turísticos. Tienes que saber buscar a un gran maestro y no a los charlatanes. Y buen viaje.

Ronald Portocarrero
Redacción


¿Quieres debatir este artículo? prueba abriendo un tema en nuestros foros.

En este artículo: | | | | | |


...
Diario La Primera

Diario La Primera

La Primera Digital

Colaborador 1937 LPD