La ruta de la serpiente

Los males del cuerpo son tan importantes como los males del alma. Si un amor te deshabita, ¿Cómo te curas?. El cuerpo no resiste la ausencia de la persona amada. El llanto no cura y la tentación del suicidio gravita de manera muy fuerte para resolver el dolor que no cesa. Don Juan Panduro era un hombre grande, fornido, de piel curtida por el sol de los trópicos, las lluvias amazónicas y el tiempo. A sus 90 años tenía el conocimiento que heredó de su padre y de sus abuelos, insignes shamanes bajo la protección de la “soga madre”.

Por Diario La Primera | 06 oct 2008 |    
La ruta de la serpiente

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ALGO MÁS SOBRE AYAHUASCA

El ayahuasca (Banisteriopsis caapi) es una especie botánica de liana de la familia de las Malpighiaceae.

Es una enredadera propia de las selvas amazónicas de Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador, Perú y Venezuela.

El brebaje es muy amargo y seco que tiene efectos psicotrópicos sobre la percepción, sin que se produzca la pérdida de la conciencia.

Ir en busca de la selva y sus aromas y del Ayahuasca, la “soga madre” ó la “soga de los muertos”, es una experiencia muy especial. A pesar del nombre no se trata de la muerte sino de la resurreción. Don Juan Panduro sabía que la muerte no existe en el tiempo circular de la cosmogonía prehispánica. Sabía antiguos harawicus ó “palomitas quechuas”:

Palomita blanca
Piquito de oro
Alas de plata
No te remontes
Por esos montes
Que yo lloro.

Don Juan pasó sus 90 años de vida en la selva de Iquitos. Cuando le pregunté ¿Cómo sabía esos versos prehispanicos?, contestó que su padre se los había enseñado, de la misma manera como le enseñó las propiedades curativas de las plantas amazónicas. Y la gente se curaba de los males del alma y del cuerpo bajo el sonido de su palmera en la mano y el tabaco rústico, bajo los efectos del brebaje que abre las compuertas del subconsciente. Cuando el subconsciente se libera por efectos del Ayahuasca, todo queda claro, los miedos, la luz, los colores bajo la sombra de la floresta verde. Algo tiene que ver el oxígeno puro que se respira en las selvas amazónicas. El gran pulmón verde funciona como una gigantesca cámara hiperbárica. El viaje del Ayahuasca es un viaje al interior de uno mismo para saber quiénes somos y a dónde queremos ir. Don Juan Panduro ya no está, pero su sabiduría continúa entremezclada entre las aguas de los ríos y la luna roja que se refleja en el espejo del río, cuando hay un eclipse de luna. Iquitos es una necesidad para los ojos y para saber que aquí está el centro de todo. Una anaconda es la metáfora del poder y del ADN que uno mira después del Ayahuasca. Pero cuidado, viajero, la “soga madre” no debes buscarla en los catálogos de venta de los paquetes turísticos. Tienes que saber buscar a un gran maestro y no a los charlatanes. Y buen viaje.


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