La Reserva de Paracas

Luego del terremoto que azotó Pisco, Ica, Chincha y parte de los territorios andinos limítrofes, Paracas se ha recuperado rápidamente y los visitantes llegan a conocer la reserva y las Islas Ballestas. Es un viaje que todos deberíamos hacer de vez en cuando para sentir la belleza del mar y admirar el vuelo de las aves y el sonido de los lobos.

| 10 octubre 2009 12:10 AM | Crónicas del Perú | 5k Lecturas
La Reserva de Paracas

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DETALLE

La Reserva Nacional de Paracas se encuentra a 260 km al sur de Lima. La superficie de la reserva es de 335,000 hectáreas. La mitad corresponde a tierra firme y la otra mitad al Océano Pacífico. Por las tardes, una cadena interminable de aves marinas regresan a sus nidos graznando sus cantos que los identifican, mientras que los lobos se aseguran su espacio en las cuevas al borde del mar.
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El mar de Paracas es azul y agitado. Y también contaminado por años desde el boom de la pesca que permitió sembrar de fábricas de harina de pescado que lanzan sus desechos industriales al mar. En la carretera que une la ciudad de Pisco con Paracas, se puede ver a los costados un vasto cementerio de conchas de abanico. Sin embargo, la riqueza de la corriente fría de Humboldt permite el surgimiento de la fauna marina a pesar del desastre. La enorme diversidad de aves marinas, tanto migratorias como endémicas se aprecia en Islas Ballestas como en Punta San Juan de Marcona. A partir de las 5 de la tarde, el cielo se cubre de formaciones aladas que sugieren gigantescos rosarios de perlas negras que luego aterrizan en las nidales de las islas. En ese momento, la tierra rica en fosfatos y hierro se torna en un manto negro por efecto de la densidad de la población de las aves.

Entre los individuos más encantadores que habitan estos territorios está el pingüino de Humboldt, extremadamente tímido con los seres humanos porque probablemente sabe que es su principal depredador. Sin embargo, si uno tiene la suerte de acercarse a un nido a distancia muy corta y hay allí un pingüino, éste no se mueve y está dispuesto a defender, a cualquier precio, los huevos fecundados.

Todo es belleza y bullicio. Desde los llamativos colores del zarcillo hasta los voluminosos lobos marinos que en sus playas o plataformas de roca preferidas chillan con voz ronca. Cuando están en tierra, los lobos huyen del ser humano. Pero en el agua suelen ser amigables y nadar al lado de un buzo, observándolo o, en un gesto de temeridad, jugar con el enemigo.

El pingüino de Humboldt es una especie en riesgo de extinción y su conservación depende de muchos factores, pero sobre todo limitar la acción de los pescadores artesanales que diezman sus nidos o los matan por su carne. Y también la descontaminación del mar de Paracas. Aquí en Paracas floreció una de las culturas prehispánicas más reconocidas y admiradas por su trabajo en la elaboración de mantos funerarios y piezas textiles de increíble destreza. El mar de Paracas es azul y agitado desde siempre. Hagamos que siga siéndolo antes de convertirlo en un mar muerto.

Ronald Portocarrero
Redacción


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