La ciudad invisible

Viajando hacia el este desde la ciudad de Piura, lo primero que sorprende son los anchos bosques de algarrobo, bajo cuya sombra se cobijan cabañas rústicas de pastores de cabras y de piajenos. El transporte popular en la zona es una carretilla tirada por un burro paciente que va y viene cargando cántaros de agua dulce, fruta o forraje para el ganado.

| 17 octubre 2009 12:10 AM | Crónicas del Perú | 1.9k Lecturas
La ciudad invisible

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Tan pronto como se ubicaba al centro de la barca, el rey dejaba caer su capa roja mostrando a todos su cuerpo recubierto de polvos de oro. Pronunciando aún unas plegarias, el rey tiraba al fondo de la laguna las admirables esmeraldas y los objetos de oro, después se sumergía él mismo en las aguas sagradas. Resurgía purificado y la barca regresaba a la ribera mientras que la multitud permanecía cabeza baja o de espaldas a la laguna, en señal de respeto.

Leyenda colombiana que da origen a la historia de El Dorado

DETALLE

Piura tiene varios misterios no resueltos y vastos territorios que van desde el mar hasta lagunas mágicas en medio de blancas montañas. Pero en el camino a Huancabamba, hay un lugar especial, con un microclima que semeja la vertiente oriental de la cordillera de los Andes. Se trata de San Miguel del Faique, a ocho horas de viaje desde Piura, pasando por Chulucanas y Morropón.
1912

Para llegar al Faique, un distrito de la provincia de Huancabamba, la carretera pasa por Chulucanas y Morropón y luego trepa hacia los Andes en dirección a Canchaque. De pronto a medida que se asciende, la vegetación se va haciendo frondosa hasta parecer un paisaje de la selva alta pero hacia la vertiente occidental de la cordillera. El clima se hace cálido y la tierra se hace fértil para producir naranjas, paltas o mangos.

Desde lo alto del Faique, se mira el valle por encima de las nubes y uno siente que estos son lugares especiales en donde la magia crece con el viento. Por las noches se mira un espectáculo inusitado: una generosa lluvia de estrellas fugaces, meteoritos que se incendian y evaporan antes de tocar la tierra. Entonces uno piensa que el amor es como esa estrella fugaz, incendiándose antes de tiempo.

En El Faique escuché por primera vez la historia del Chicuate, la mítica ciudad de oro y piedras preciosas a la que los guayacundos, antiguos sacerdotes, la hicieron invisible para que los españoles con su hambre de oro no la vieran nunca. El Chicuate se alimenta también de los hechos reales como el descubrimiento de Machu Picchu. Todos los arrieros que van de Hauncabamba a la costa, dan cuenta de sus encuentros fortuitos. Pero apenas los arqueólogos tratan de seguir la huella, la ciudad se vuelve invisible. Dicen que la ciudad aparece sólo ante los ojos de los hombres de buen corazón.

Es probable que la leyenda de la ciudad invisible se emparente con la leyenda de El Dorado escuchada por primera vez en Cundinamarca por los españoles, quienes la creyeron literalmente y se embarcaron a buscarla.

Y hasta ahora se sigue buscando la ciudadela reluciente. Tal vez el camino de esta historia tiene un equivalente simbólico como la laguna sagrada de la Guatavita y las lagunas de las Huaringas, donde es posible incluso recuperar, dicen, los amores perdidos y vencer a las enfermedades del cuerpo.

Pero la búsqueda de la ciudad de oro, continúa. Es increíble la cantidad de denuncios para explorar y explotar el oro en las sierras de Piura. Es el mito que se hace realidad. Por lo prnto, la leyenda se hizo realidad en Cajamarca, con Yanacocha. El oro de Cajamarca es llevado en grandes cantidades fuera del Perú, dejando tras de si la misma miseria secular. Otro caso es el de la minera Río Blanco, impulsada por el gobierno central y el gobierno regional como la “ ciudad de oro”, de la que esperan recibir su parte sin pensar en los riesgos ecológicos para la región. Las grandes empresas mineras son, en el siglo XXI, como cualquier vulgar español del siglo XVI.

Cuando llegue al Faique, viajero, trate de ser capturado por el aire de la noche, la quietud de las madrugadas, la contemplación interior y la vida sencilla y tranquila que allí se vive. Y luego podrá seguir viaje a las alturas de Huancabamba en busca de su destino.

Ronald Portocarrero
Redacción


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