Entre el río y el mar

Cuando los ríos caudalosos que bajan de las lagunas andinas o de la suma de varios ríos de agua dulce llegan al mar, se produce un ecosistema generoso pero también vulnerable. Son los manglares cuyo espacio de mayor riqueza se encuentra en la costa norte del Perú.

Por Diario La Primera | 17 jul 2010 |    
Entre el río y el mar

El Santuario Nacional Los Manglares de Tumbes, ubicado en la desembocadura de los ríos Tumbes y Zarumilla, es un área de 2,972 hectáreas, protegida por el Estado. En realidad los manglares es un ecosistema complejo que se articula en la costa del Océano Pacífico y que va desde el mar de Cortez en México, pasando por Centroamérica y el golfo de Panamá y continúa por Colombia hasta el golfo de Guayaquil. En el extremo más austral del ecosistema americano se encuentra la zona de los manglares de Piura y Tumbes.

El mangle es un árbol que crece a la vera de los ríos y cuyas raíces se levantan hacia el cielo para respirar, pero nunca dejan su afirmación entre las aguas dulces y saladas que es su habitat natural. Antiguamente los manglares peruanos tenían una extensión de 23 tres mil hectáreas, pero hoy esa extensión se redujo considerablemente por la tala indiscriminada para desarrollar criaderos de langostinos. Es la misma vieja historia de los empresarios que quieren hacer dinero y les interesa un pepino la conservación del medio ambiente. Aún hoy, la situación de la zona de los manglares se encuentra en riesgo por la presencia de empresas petroleras cuyas concesiones en el mar fueron otorgadas por el gobierno, lo que no garantiza la seguridad de este santuario frente a la posibilidad de un derrame de petróleo que sería fatal para la fauna de la zona.

Los manglares se encuentran en la desembocadura de los ríos Chira, Piura, Tumbes y Zarumilla. El potencial turístico de los manglares de Tumbes es espectacular, particularmente por la observación a aves endémicas y una belleza paisajística paradisíaca. Pero la pequeña caleta de pescadores de Puerto Pizarro no es la mejor puerta de entrada. Allí se acumula basura, los puestos de comerciantes que venden artesanía pero también la proliferación de bares que transforman la zona en riesgo para la seguridad de las personas.

Sin embargo, la experiencia de los pescadores de San Pedro es notable porque conjugan servicios de calidad con protección del medio ambiente a través de un proyecto de ecoturismo.

Navegar en silencio por entre las aguas del río, antes de la desembocadura, es un verdadero placer en la medida que la sensación de libertad aparece en los cielos o en las orillas. Miles de aves endémicas como fragatas, pelícanos, garzas, gavilanes, Ibis blancos, pavas aliblancas, flamencos y mirando entre las orillas se puede apreciar a cangrejos curiosos y si hay suerte un nido de cocodrilos de Tumbes.

Respecto a la gastronomía, en esta zona abundan las famosas conchas negras y una enorme variedad de mariscos que asombran a los visitantes.

Hace poco, los manglares fueron reconocidos como un área de importancia por la Red Hemisférica de Reservas de Aves Playeras (RHRAP).

Ronald Portocarrero
Redacción

Diario La Primera

Diario La Primera

La Primera Digital
Diario La Primera comparte 119376 artículos. Únete a nosotros y comparte el tuyo.