El legado de Martín Chambi

Los Chambi son una dinastía de fotógrafos y cineastas cusqueños. A Martín Chambi le siguieron en la fotografía sus hijos Víctor, Manuel y Julia y también sus nietos Teo Allaín Chambi y Peruska Chambi. Incluso la hija de Teo, anda rondando alrededor de la cinematografía. Pero es Martín a donde hay que mirar para aprender.

| 14 noviembre 2009 12:11 AM | Crónicas del Perú | 2.6k Lecturas
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¿Qué haríamos nosotros sin el sol?. Sería un mundo siempre gris, entre sombras, o tal vez con lluvias permanentes. ¿Qué haría usted lector, si la luz del sol le llegara cada 7 años?. Esto ya está escrito, lea usted “Crónicas marcianas” de Ray Bradbury. Pero todavía tenemos el sol. El sol no es el mismo en Piura que en Ica, Puno o Cusco. Cada región tiene su propio sol y su propia luz. Los viajeros siempre cargan una cámara fotográfica y pueden registrar esas diferencias. La luz del Cusco es brillante, limpia e ideal para lograr contrastes, contraluces, amaneceres o atardeceres diferentes. Un atardecer soleado en la explanada de Sacsayhuamán es casi una esperiencia mística. Depende de la época en que usted llegue a Cusco, podrá admirar los verdes entre febrero y mayo, los amarillos y ocres entre junio y setiembre y entre octubre y enero las lluvias definirán las mezclas azules, verdes, amarillos al compás del río Vilcanota, que luego se transforma en Urubamba. Los fotógrafos no deben usar filtros porque perderían todas las texturas, hay que fotografiar a lente pelado, como el maestro que fotografiaba sin colores, a puro pulso, a puro ojo, en grises. Me refiero a Martín Chambi (1891-1973). Cusco siempre es una maravilla, pero cuando usted llegue a la ciudad, debe ir a la plaza de Las Nazarenas, donde hay un museo de un banco con una exposición permanente de Martín Chambi. Ahí están su cámara de estudio y sus fotografías escenciales. Viajar es también mirar el pasado. El Cusco está ahí, pero los rostros también y sobre todo la luz. Chambi entre los años ‘20 y ’50 registró todos los rincones con su vieja cámara portátil y los burros que lo llevaban por los caminos de herradura hasta encontrar el espacio y los personajes para sus imágenes. Y ahí trotaban por los caminos, buscando las fotografías necesarias y el pasado escrito en piedra. Chambi fue un pintor cuyo pincel era la luz.Si usted mira cada imagen de Chambi, se sentirá conmovido de haber llegado al Cusco a redescubrir la luz. El sol no se apaga, brilla todavía en los ojos y en el corazón de quien quiere ver más allá de lo estático, porque la fotografía es también movimiento y permanencia de la memoria. Pero Chambi, con toda su fama no es el único. Ahí están,Figueroa Aznar y el entrañable oriental e indio al mismo tiempo, Eulogio Nishiyama y tantos otros. Viajar no es llegar a un punto y dormir, hay que mantener los ojos bien abiertos. El sol del Cusco siempre te va a despertar.

Ronald Portocarrero
Redacción


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