El cañón del Colca

El cañón del río Colca se encuentra en la provincia de Caylloma de la Región Arequipa y a 150 km. de la ciudad capital. Se accede por la zona de Yura a través de una carretera en buenas condiciones. Pero también se puede ir por Cabrerías. Esta ruta tiene una carretera afirmada que bordea el volcán Misti y recorre Pampa Cañahuas donde habitan en libertad algunos tropeles de vicuñas.

| 03 octubre 2009 12:10 AM | Crónicas del Perú | 2.7k Lecturas
El cañón del Colca 2763

En 1976, rodando un documental en la provincia de Caylloma, en Arequipa, don Demetrio Rojas, un viejo alpaquero de Callalli, me llevó a las cuevas de La Pulpera. Deslumbrado, alucinado, casi en estado de gracia, pude mirar las pinturas rupestres allí guardadas, la memoria antigua de la estirpe de don Demetrio: los primeros cazadores de guanacos, vicuñas y otros camélidos sudamericanos. Salvo los pobladores de Callalli, nadie en Arequipa conocía este lugar, en pleno corazón del Colca. La ruta hacia el cañón, aún estaba como siempre, a merced de los vientos y los terremotos. Pude recolectar incluso, una abundante cosecha de puntas talladas de obsidiana. 15 años después, un arqueólogo de la Universidad San Agustín, las descubre “por primera vez”, para la ciencia. Igual que Bingham de la Universidad de Yale. Pero eso no importa, salvo por el hecho de que la ruta del cóndor, es decir el cañón del Colca, es hoy uno de los destinos turísticos principales de Arequipa. Y tiene por qué serlo. Pero hay que mirar bien lo que ese destino ofrece. Lo esencial no es el vuelo del cóndor a las 9 de la mañana, cuando pasa en vuelo rasante a menos de tres metros de las cámaras que se aglutinan a registrar esa maravilla de la naturaleza. En los meses del verano, esta perfecta maravilla puede hacer un viaje de hasta mil kilómetros de ida y vuelta por cada día. Por eso se le puede ver también en las loberías de San Juan de Marcona, devorando placentas o focas bebe, muertas en la época de las pariciones.

En la ruta del Colca lo que hay que mirar es el tiempo y sus circunstancias. Como la maqueta echa de piedra que retrata exactamente las andenerías ancestrales, que aun hoy, producen los alimentos andinos, papas, habas, quinua, cañihua, etc. con los que se alimentaban los bisabuelos en una cadena que anula el tiempo. Por eso digo que lo que importa mirar, sentir e imaginar, es el tiempo o su anulación. Es también zona de volcanes activos. La erupción del Sabancaya, por ejemplo, abrió una enorme fractura desde la que brotaron manantiales de agua turbulenta, geyseres sulfurosos a flor de tierra.

Si se tiene tiempo, hay que ver también los bosques de roca, tallados por el viento, las matas de la yareta, o los espectaculares queñuales al costado del Misti. Cada centímetro de tierra en los territorios de este espacio, nos obligan a mirar de otra manera la vida, de otra manera la tierra que nos cobija y reconocer que somos tan transitorios como el vuelo del cóndor pero tan permanentes como su belleza.

Ronald Portocarrero
Redacción


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