Visita al centro del espanto

El museo itinerante “Arte por la Memoria” recorre el Perú con obras de jóvenes artistas que buscan generar conciencia sobre las tristes consecuencias de la violencia interna. La muestra fue puesta en Lima. LA PRIMERA la visitó y comprobó que es un espacio ambulante de memoria.

Por Diario La Primera | 05 set 2010 |    
Visita al centro del espanto
(1) Cientos de personas han ingresado a ver este singular museo y todas han salido con un mensaje para compartir. (2) Polémico “Kimono para no Olvidar” es parte de la muestra.
CONSTRUYENDO MEMORIA

Máximo Damián, el violinista preferido del escritor José María Arguedas, acaricia su instrumento de madera. El violín canta reposando sobre su hombro izquierdo y sus melodías ayacuchanas nos transportan a escenarios de ultratumba y nos abren la puerta de una exposición ambulante que resume veinte años de violencia en el Perú. Bienvenidos al museo itinerante “Arte por la Memoria”, donde están retratados asesinos disfrazados de buena gente y buena gente acusada de asesinos.

Comienza el recorrido. El antropólogo César Ramos es el guía oficial de este museo, que por estos días está instalado en la casa de teatro “Yuyachkani”, pero muy pronto volará hacia el extranjero. Ramos nos dice que con imágenes y color el mensaje de este proyecto se comprende mejor. Por eso allí están los rostros de personas desaparecidas, las portadas de periódicos que informan sobre masacres y atentados, el arte de las arpilleras de Mama Quilla que viven como desplazadas en algún rincón de Lima, los populares retablos, las obras del humorista “Carlín” y su particular estilo de mofarse de la realidad, los vanguardistas cuadros del artista plástico Jorge Miyagui, los trazos del célebre Edilberto Jiménez y la colorida Chalina de la Esperanza.

El violín de Máximo Damián sigue emitiendo poesía y acompañando el recorrido. Dos fotógrafos les toman unas instantáneas a los asistentes que aún no han perdido la capacidad de asombrarse e indignarse ante el dolor. Click, click, click. También hay fotografías de los años ochenta que muestran entierros colectivos y ejecuciones.

Nuestro guía explica que el proyecto del museo itinerante surge ante la necesidad de mantener una memoria viva frente al pasado salvaje que atravesó el Perú durante los gobiernos de Fernando Belaunde (1980-1985), Alan García (1985-1990) y la dictadura fujimorista (1990-2000), cuando se consumaron innumerables violaciones de derechos humanos, como consta en el informe final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación.

La agonía convertida en arte pensante. El museo itinerante recoge obras artísticas que abordan el tema de la memoria, la violencia del Estado, las causas del conflicto, la resistencia del pueblo. El violín de Máximo Damián también debería ser exhibido allí, comentan algunos asistentes a esta visita guiada.

Una carpa y un nisei
Creado hace más de un año, este museo ha recorrido lugares como Cusco, Puno, Sicuani, Huancavelica, Huancayo, Ayacucho y zonas marginales de Lima. Todo comenzó como pintando, en abril de 2009, en una carpa instalada en el Parque de la Muralla. Allí niños y adultos comenzaron a entender la necesidad de rescatar nuestra memoria y desde ese momento este museo no ha dejado de recorrer el país, y mientras las autoridades del gobierno rechazaban un aporte económico para construir un “Museo de la Memoria” los creadores de este museo ambulante juntaron sus propios recursos y nos mostraron que la mezquindad no va de la mano con la inteligencia.

-No es estático, no esperamos que la gente vaya al museo sino que el museo vaya a la gente. El acercamiento a las obras artísticas no debe ser facultad de las clases sociales que detentan el poder, por eso es itinerante. El museo se convierte en un espacio ambulante de memoria, que puede ser acogido tanto por un toldo en plena vía pública como por un salón de clases, un centro cultural o un comedor popular, dice Jorge Miyagui, integrante del colectivo ciudadano creador del museo “Arte por la Memoria”.

A este descendiente de japoneses no le pesa la conciencia al momento de expresarse. Muchos años antes que este museo fuera creado, él ya luchaba contra la dictadura de otro descendiente de japoneses. Un día la “Asociación Cultural Peruano-Japonesa” convocó a un concurso de diseño de kimonos y Miyagui presentó un singular ejemplar estampado con los rostros de Vladimiro Montesinos, Juan Luis Cipriani, Santiago Martin Rivas, Alberto Fujimori y la frase “Prohibido Olvidar”. Su trabajo fue vetado.

-¿Por qué presentar esa obra?, le preguntaron alguna vez.

-Porque la colonia japonesa siempre tuvo un silencio cómplice frente a la dictadura fujimorista y nunca se pronunció sobre los crímenes y las denuncias de corrupción, respondió entonces el artista, y responde lo mismo ahora durante nuestro recorrido guiado por el reino del espanto, donde además del vetado kimono un cuadro suyo muestra a una María Elena Moyano multicolor que nos invita a reflexionar que, como esa lideresa vecinal de Villa El Salvador, muchas otras mujeres sufrieron en vida la violencia terrorista.

El museo está concebido como un espacio abierto y democrático que propicia el diálogo a través de visitas guiadas, conversatorios y otras formas de intervención. Este no es un museo suntuoso, vertical y unidireccional, todo lo contrario. Sus creadores reconocen la importancia de una memoria dialogante que está en contraposición a los discursos oficiales sobre la memoria.

“La luchadora”
En otro ambiente del museo, Catherine Meza también gestora de la muestra, nos indica que la colección tiene obras que están dirigidas a públicos variados. “Amas de casa, escolares, universitarios, militares, policías han visitado el museo. Mucha gente en provincia se nos acerca y trae la foto de su familiar desaparecido y pide que la incluyamos en la muestra. Es muy conmovedor”, dice Meza.

El guía César Ramos pide silencio. ¡Shhh! Quiere continuar el recorrido, aunque en el fondo lo que realmente quiere es seguir disfrutando de la música de violín. Hace hincapié en que las obras están elaboradas en distintos soportes, no únicamente en óleo o artefactos culturales convencionales sino en elementos populares.

Los creadores del museo itinerante “Arte por la Memoria” consideran que hay un componente hegemónico de expresar las cosas: la escritura, heredada de la colonia y que niega las expresiones de nuestros ancestros que fueron, sobre todo, orales y visuales. Así buscan con el arte la complicidad para rescatar otras formas de recordar una realidad que aparentemente no deja ningún margen para la inspiración.

Parte de estas nuevas formas es la que aporta al museo un flaco espigado con lentes de bordes negros, con apariencia de haber pasado muchos insomnios quiméricos. Se llama Mauricio Delgado, artista plástico, responsable de crear “La luchadora”, una obra hecha en tocuyo, el mismo material que utilizan para confeccionar sus banderolas las mujeres que integran la Asociación Nacional de Familiares de Secuestrados, Detenidos y Desaparecidos del Perú (Anfasep).

Son precisamente ellas las que en el año 1983, durante el pico más alto de violencia, se organizaron como asociación, antes que nadie, para buscar a sus hijos, pedir justicia y respeto a los derechos humanos. En esos años confeccionaron, con costalillos de harina, una banderola que rezaba: “Vivos los llevaron, vivos los queremos”. A ese remiendo de costalillos le llaman cariñosamente “La luchadora”.

Es justamente ese material frágil, pero potente el que sirve de insumo para rescatar ese primer material precario y convertirlo en pieza de exhibición. Tocuyo de costalillos de harina, que por precario es potente, que por simple es contundente y por pobre nos lleva a la reflexión. En “La luchadora” están los rostros orgullosos y felices de mujeres valientes que no le hicieron caso al cardenal Juan Luis Cipriani cuando les dijo que los derechos humanos son una cojudez.

El mensaje fue captado, el museo itinerante “Arte por la Memoria” será desmontado y llevado a otro lugar, a Colombia, el próximo 14 y 15 de setiembre a un foro sobre el rol de las mujeres durante la violencia política. El recorrido ha terminado por ahora. Los asistentes le piden otra melodía de violín a Máximo Damián, piden otro recorrido también, para seguir recordando.

Otros museos para reflexionar
Uno de los primeros museos de la memoria del país es el creado por los integrantes de la Asociación Nacional de Familiares de Secuestrados, Detenidos y Desaparecidos del Perú (Anfasep), que el pasado 2 de setiembre cumplió 27 años de creada. En el primer nivel de ese museo, ubicado en Huamanga (Ayacucho), se encuentra la denominada Zona del Caos, con fotografías y textos extraídos de revistas, diarios y del informe final de la CVR.

El segundo ambiente se llama Sala de la Nostalgia, implementada con más de 250 fotografías y 500 documentos pertenecientes a los desaparecidos, mientras en la tercera sala está ubicada una imagen de “Mamá Angélica” y delante de ella, en una urna, el pedazo de papel con el manuscrito de su hijo Arquímedes, que le fue entregado por un militar a los 15 días de su detención.

El más reciente museo en ser inaugurado es la “Casa de la Memoria” de Huancavelica, destinada a recordar a las víctimas de la violencia política, abrió sus puertas el último sábado 28 de agosto. Para la inauguración asistieron representantes de diversas organizaciones de afectados, pero ninguna autoridad del gobierno central.

Las encargadas del proyecto, la socióloga Nelly Plaza y la museóloga María Elena del Solar, manifestaron que la lógica de ese museo es dar información sobre lo que ha sucedido en esa parte del país, no sólo a través de testimonios de la interpretación de los hechos, sino también con imágenes e iconos.

Del Solar informó que la diferencia más resaltante de este museo es que habrá un espacio abierto para que las personas sigan brindando información y contando sus experiencias sobre los hechos que vivió nuestro país durante el conflicto armado interno.

“El concepto que estamos aplicando es la idea del espacio abierto, en donde no cerramos la información a las investigaciones realizadas hasta el año 2000, sino que se mantiene abierta con espacios en blanco que podrán ser llenados con nueva información de personas afectadas por la violencia. Eso le da un carácter y una expresión distinta a este museo”, manifestó Del Solar.

Marcelo Puelles
Redacción

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