Umasi: el cementerio de niños

Especialistas forenses han iniciado la ardua y triste labor de identificación de los restos encontrados en fosas comunes en la comunidad ayacuchana de Umasi, principalmente los de 25 escolares que fueron ultimados por militares en octubre de 1983, hace casi 27 años.

Por Diario La Primera | 29 ago 2010 |    
Umasi: el cementerio de niños
(1) Durante la época de violencia interna los niños fueron los que más sufrieron. En la comunidad Umasi una generación fue eliminada entre dos fuegos. (2) Expertos forenses descubrieron los cuerpos apiñados y los uniformes escolares. (3) El drama de reconocer las prendas de los menores asesinados.
CONSTRUYENDO MEMORIA

Más datos

Los terroristas no les permitieron abandonar la infancia y los militares no les permitieron continuar sus vidas.

LISTA

En total, la CVR identificó a 55 personas masacradas en Umasi, 25 eran niños:

Menores:
Víctor Huyhua Angulo
Francisco Inca Taype
Mauro Inca Yanqui
Máximo Loayza Durand
Gulmar Loayza Garcia
Feliciano Loayza Huaman
Silverio Loayza Penado
Guillermina Ore Angulo
Amado Panduro Gonzales
Armando Paneagua Garcia
Teodocia Pauccarina Durand
Yolanda Pauccarina Durand
Gerardo Raymundo Cusi
Feliciano Romero Bonifacio
Deomedez Romero Durand
Artemio Romero Felix
Serapio Saccatoma Reymundo
Albino Silvestre Arotinco
Amador Silvestre Cusi
Macedonio Silvestre Durand
Marino Silvestre Ore
Juan Taype Durand
Maximilia Taype
Mauro Vega Angulo
Agapito Yancce Arotingo

Adultos:
Demetrio Angulo Arotingo
Reymundo Angulo Castor
Flora Angulo Taype
Benjamin Arones Gonzales
Otilia Bonifacio Arotinco
Valerio Bonifacio Yanqui
Gerardo Cusi Durand
Escolástico Cusi Felix
Mamerto Chipana Allcca
Eduardo Duran
Valerio Duran
Olga Durand Angulo
Fortunato Durand Guillen
Gilberto Durand Guillen
Jorge Durand Guillen
William Durand Guillen
Timoteo Durand Reymundo
Apolinario Durand Taype
Gilberto Flores Angulo
Juan Flores Angulo
Sonia Flores Angulo
Vicenta Flores Taipe
Magno Garcia Arotingo
Crispin Garcia Bonifacio
Leoncio Garcia Conde
Jaime Garcia Huayhuacuri
Urbano Guillen Durand
Urbano Guillen Huayhuacuri
Honorato Huaman Durand
Máximo Huaman Taype

ESTRATEGIA

El caso de los niños muertos de Umasi fue investigado por la Comisión de la Verdad y Reconciliación. Este grupo recogió 10 testimonios distintos que llevaron a la certeza que el crimen había ocurrido como parte de la estrategia contrasubversiva del Estado. Cabe destacar que el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) apoyó este caso con el traslado de los deudos hasta la ciudad de Huamanga para que participen a fines del año pasado en la actividad de reconocimiento de las prendas encontradas en las fosas de Umasi. El CIRC también brinda apoyo para recoger muestras de ADN que permitan identificar a las víctimas, además de completar las fichas ante mortem.

Los sacaron de sus casas con el uniforme escolar puesto. “Ahora son voluntarios para el adoctrinamiento militar y sus vidas le pertenecen a Sendero Luminoso”, les dijeron y los llevaron caminando desde la localidad ayacuchana de Raccaya hasta la comunidad vecina de Umasi. En total, fueron 25 los niños que en octubre de 1983, hace casi 27 años, salieron de Raccaya y no volvieron nunca. Terminaron todos en una fosa común.

Esta semana especialistas del Equipo Peruano de Antropología Forense (Epaf) comenzaron las labores de reconocimiento de los restos de esos niños y de otras personas que en Umasi fueron ultimados a balazos por militares de la Base Contrasubversiva de Canaria, al mando del general EP Jorge Carcovich Cortelezzi.

Meses antes, en diciembre del año pasado, esos restos fueron desenterrados por especialistas forenses del Ministerio Público que, a medida que escarbaban las fosas descubrieron con desconcierto que la mayoría de los cuerpos estaban apiñados unos sobre otros y aún tenían sus uniformes escolares. A pesar de haber transcurrido tantos años y a la dificultad de la recuperación de los restos por el terreno fangoso, estos aún se encontraban en regular estado de conservación y evidenciaban la atrocidad con la que fueron asesinados.

A esos pequeños los terroristas no les permitieron abandonar la infancia y los militares no les permitieron continuar sus vidas. Apenas llegaban a los 14 años. Todos chaposos, con los labios cuarteados y el cabello rojizo, y sin poder huir a ningún lado. Caminaron, cuando sólo querían jugar con su trompo de madera y sentir el aire frío y pastar los carneros mientras sus madres lavaban ropa en el río.

-Los niños ya no son niños, ahora son hombres, son camaradas; les advirtieron.

-¿Qué es un camarada?, preguntó un pequeño en voz baja.

-No sé, pero algo tiene que ver con esa bandera roja; intentó explicar otro chiquillo.

El 31 de octubre de 1983 los terroristas y los niños llegaron a Umasi y buscaron refugio en la escuela del pueblo, entonces un profesor dio la voz de alerta a los militares, quienes durante la madrugada atacaron la escuela y liquidaron a los varones, mientras las mujeres fueron violadas antes de ser asesinadas.

Rescate mortal
Los niños creyeron que los militares iban a rescatarlos, pero lejos de brindarles ayuda los acusaron de ser terroristas. Primero los golpearon, querían obligarlos a confesar algo que no eran. El pequeño Otto Romero intentó escapar, pero una bala cortó su camino. Rosilda, su hermana, pide ahora sus restos. “Yo quisiera que nos apoyaran para recoger el cuerpo de mi hermano, queremos enterrarlo acá en nuestro pueblo, cuánto quisiera recogerlo, verlo a mi hermano, ya que no lo visto desde hace 27 años. Mi hermano falleció el año 1983. Quisiera que nos apoyaran para recoger todos nuestros fallecidos. A esos niños los militares no los rescataron sino que los mataron”, dice la mujer llorando.

Esa noche, mientras la masacre de niños se había desatado, un grupo de senderistas reclutaron a los campesinos del pueblo y se enfrentaron a los militares. Algunos senderistas llegaron a escapar y otros fueron aniquilados. Todos ellos fueron enterrados en tres fosas ubicadas en una chacra, a poca distancia de la escuela del pueblo.

También esta semana, investigadores del Epaf retornaron a Lima tras recolectar importante información nueva sobre los hechos. Ellos recorrieron el mismo camino que fueron obligados a hacer los niños de Raccaya hace casi 27 años. Diez horas de caminata. Entre los investigadores estuvo el historiador Renzo Aroni. Él logró reunirse con autoridades y pobladores, quienes contaron sus experiencias.

Llegó también al lugar de la masacre. La antigua escuela que ahora está en ruinas y las huellas de las balas aun pueden observarse en las pocas paredes que quedan en pie. Fueron los propios pobladores de Umasi, como Ruperto Paniagua y Alejandro Flores, quienes cavaron las fosas por órdenes de los militares y ahora cuentan su historia a los investigadores.

Flores y Paniagua informaron que el total de las víctimas enterradas en las fosas eran 41 personas, uno de ellos eran un soldado, que fue victimado por confusión. A este los militares le quitaron el uniforme y mandaron a enterrarlo totalmente desnudo.

“En el tiroteo durante la madrugada, la bala impactó a uno de los militares. Luego lo han calateado para enterrarlo. Había una casita, allí han violado a las chicas”, dice Flores, mientras que su amigo Paniagua recuerda que estuvo a punto de morir al ser acusado de ser cabecilla senderista. “Yo estuve presente, yo he visto todo lo que pasó. Los militares me tomaron preso, acusándome de ser la cabeza de Sendero Luminoso, pero no era pues”, señala.

No lo mataron, pero lo obligaron a cavar las fosas donde enterraron a los niños. Cinco comerciantes provenientes de Huamanga se encontraban en Umasi cuando ocurrió la matanza, a ellos también les obligaron a trasladar y enterrar los cuerpos de las víctimas en cinco fosas. Los militares querían trasladarlos al cementerio, pero como quedaba lejos no lo hicieron.

Actualmente, Umasi es un pueblo con muchas viviendas en ruinas, que no cuenta con los servicios básicos de luz y agua potable. Por sus calles empedradas es fácil observar las secuelas de la violencia interna, existe mucha violencia familiar y ha crecido el alcoholismo. Umasi es un pueblo olvidado en los confines del Estado y a los pobladores ya no les gusta hablar sobre aquella masacre.

Raccaya
“Años atrás vienen pues con el caso de Raccaya; jueces, fiscales, hasta guardias, pero hasta ahorita no llega ningún beneficio para nosotros”, murmuran las personas. Y sus quejas tienen fundamento, pues ni siquiera han sido considerados como beneficiarios del programa de reparaciones colectivas. Los que ahora viven en el pueblo son sobrevivientes de la violencia, muchos de ellos desplazados que regresaron para quedarse, afrontando toda la miseria, el hambre y la indeferencia del Estado.

A diferencia de Umasi, el pueblo de Raccaya goza de una mejor situación económica, ya que reciben apoyo de la mina “Catalina Huanca”, que tiene su centro de operaciones allÑ Esta comunidad ya no tiene problemas de violencia, pero sí afronta la contaminación ambiental producto de los gases tóxicos que emite la mina.

El recuerdo desgarrador de los asesinados es lo que más les aqueja. Ellos saben que sus hijos y nietos nunca volvieron y pasaron décadas enterrados en otro pueblo. Los pobladores de Raccaya perdieron a toda una generación y claman por recuperar los cuerpos de sus seres queridos para darles un entierro digno.

La historia de la masacre es algo que une y divide a Raccaya y Umasi. La memoria de ese pasado no corresponde de la misma forma a ambos pueblos. Umasi exige la reparación de los daños ocasionados por la guerra interna, mientras que Raccaya pide la restitución de sus deudos enterrados en las fosas comunes en el pueblo vecino. El trabajo iniciado por el equipo forense es para ellos una esperanza, para recuperar los restos de sus familiares desaparecidos, y no piensan dejarla escapar.

Marcelo Puelles
Redacción

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