Tablas para nunca olvidar

El artista ayacuchano Primitivo Evanán Poma nos enseña la mejor manera de mantener vivos los recuerdos de su pueblo. Pintó en madera una de las peores masacres de toda la época de violencia interna por la que atravesó el país. La fama de sus “Tablas de Sarhua” fue a parar incluso al extranjero.

| 20 junio 2010 12:06 AM | Crónica | 5k Lecturas
Tablas para nunca olvidar
(1) Descuartizamiento: militares eliminan a supuestos terroristas y arrojan cuerpos de mujeres en acantilado. (2) Sinchis: militares arrestan a campesinos. (3) Fusilamiento: terroristas realizan juicio popular. (4) Primitivo Evanán Poma.
CONSTRUYENDO MEMORIA

Más datos

DENUNCIA

La matanza narrada por Primitivo fue denunciada el 27 de agosto de 2009 ante la Primera Fiscalía Provincial Penal Supraprovincial de Ayacucho por la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos. Sin embargo, hasta el momento la Fiscalía no ha tenido una respuesta efectiva al pedido de los familiares para exhumar, analizar e identificar a las víctimas y a sus victimarios.
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El artista Primitivo Evanán Poma dice que pinta para que su pueblo no olvide. Pinta unas tablas para que el mundo conozca el terror que instalaron militares y terroristas, en agosto de 1984, en la provincia ayacuchana de Víctor Fajardo. Aquel mes del terror, 34 campesinos fueron detenidos en el distrito de Huamanquiquia por un grupo de militares armados. Ellos nunca regresaron a sus casas. Los últimos momentos de sus vidas aparecen retratados en las coloridas tablas de Primitivo.

Ahí están los integrantes de Sendero Luminoso reclutando campesinos y fusilando pobladores, los militares quemando un local comunal, los militares arrestando profesores, los militares quemando gente viva, los militares violando y descuartizando mujeres, y el pueblo llorando a sus muertos. Una sangrienta secuencia gráfica de realismo crudo en las famosas “Tablas de Sarhua”, oriundas del pueblo ayacuchano del mismo nombre.

“Según la tradición, cuando una familia construye una casa en Sarhua el compadre les regala una tabla de 1.80 metros de alto con dibujos que recrean la vida cotidiana de la localidad, y esta tabla es colgada del techo a manera de adorno”, cuenta el artista, mientras trabaja en su taller de la urbanización Las Delicias, en Chorrillos, frente a los Pantanos de Villa. Primitivo cuenta que una mañana se le ocurrió graficar en esas tablas costumbristas la desaparición y muerte de los 34 campesinos de Huamanquiquia. Elaboró 23 tablas y lloró desconsoladamente al terminar la número 24. Le puso nombre a esa colección: “Piraq Kawsa” (¿Quién será el culpable?), porque no encontraba la respuesta de tanto dolor.

Con orgullo, relata que las tablas llamaron la atención de unos antropólogos de la Universidad de Michigan, quienes las compraron y las llevaron a ese centro de estudios para exhibirlas. De paso se llevaron prestado también al artista para que cuente la experiencia vivida en medio de la hostilidad de Sendero Luminoso y la respuesta armada del Estado. El artista fue felicitado por sus tablas en Estados Unidos y Europa. Los premios vinieron después. Lo que pintó Primitivo ocurrió hace 26 años, pero tiene vigencia porque los deudos aún buscan los restos de sus familiares. El historiador Renzo Aroni Sulca, investigador del Equipo Peruano de Antropología Forense (Epaf), llegó a Huamanquiquia y a Sarhua hace unas semanas. Recogió testimonios de pobladores y quedó sorprendido, pues todo lo que escuchó está en las “Tablas de Sarhua” que pinta Primitivo.

Tiempos violentos
De acuerdo al testimonio de los pobladores de Huamanquiquia, el 12 de agosto de 1984 miembros de Sendero Luminoso reclutaron campesinos de los anexos de Tinca, Uchu y Patará para atacar y “convertir en polvo” al pueblo vecino de Huambo. Al día siguiente, el 13 de agosto, los senderistas ingresaron a Huambo, incendiaron viviendas y asesinaron campesinos, sin embargo los pobladores lograron defenderse y mataron al menos a diez senderistas, mientras otro grupo fue capturado -entre ellos campesinos reclutados de los anexos del distrito de Huamanquiquia-. Los pobladores de Huambo llamaron a los militares de la Base Contrasubversiva N° 34 de Pampa Cangallo, quienes acudieron y declararon esos distritos como “zona roja”.

Es así que la mañana del 15 de agosto de 1984 un grupo de 30 militares, a bordo de un helicóptero, ingresaron al anexo de Tinca y detuvieron a nueve campesinos y se los llevaron a Pampa Cangallo. El 16 de agosto el helicóptero volvió y las tropas detuvieron a otros cinco. Por la tarde, ese mismo día, apresaron y encarcelaron a 22 hombres y 5 mujeres en el Concejo Municipal de Huamanquiquia. En la madrugada del 17 de agosto los detenidos fueron conducidos al anexo de Uchu, donde los militares capturaron a cinco comuneros más. Todos fueron llevados a pie al anexo de Qechahua, en el distrito de Sarhua. En el trayecto algunos fueron liberados y otros lograron escapar. Pero la mayoría de los detenidos fueron quemados y ejecutados dentro de las chozas abandonadas de la localidad de Qechahua. “Algunos pobladores de Qechahua nos contaron que los detenidos fueron torturados y que a algunos se les mutiló los brazos, manos y piernas, aún estando vivos, mientras gritaban pidiendo auxilio. Luego los acribillaron y los quemaron en chozas. Posteriormente fueron enterrados por los pobladores, porque el olor era hediondo”, relata el investigador Aroni.

El 18 de agosto, la patrulla de militares llegó al distrito de Sarhua con tres detenidos del distrito de Huamanquiquia (un hombre y dos mujeres). En Sarhua se embriagaron, asesinaron al detenido y violaron a las jóvenes “hasta dejarlas inválidas”. Al día siguiente prosiguieron el viaje hacia Pampa Cangallo junto con las dos mujeres. Cuando ellas ya no podían caminar fueron mutiladas y aventadas a un paraje inhóspito del pueblo de Sarhua. Todo el estremecedor relato está en las “Tablas de Sarhua”.

Demasiado dolor
Sentado en un parque de Miraflores, Primitivo dice que ya no quiere pintar cuadros sobre la época del terrorismo, porque “da pena”. En un folder color rojo guarda las fotografías de sus dibujos originales que están en Michigan. Quiere que sus “Tablas de Sarhua” formen parte del Museo de la Memoria, que es construido en nuestro país. Las autoridades de esa universidad norteamericana le han prometido que las mandarán de regreso para exhibirlas en ese lugar de la memoria, y eso emociona a Primitivo.

“A mí nadie me ha contado los hechos, yo los he vivido. Nunca me puse de parte de nadie, ni de los militares ni de los terroristas. Por eso los militares fueron y quemaron una empresa comunal que fundamos en mi pueblo. Sólo queríamos pintar tablas y hacer artesanías, somos artistas. ¿Qué hago aquí en Sarhua?, me pregunté. Y me fui de mi pueblo, hacia la capital, pero regresaba cada cierto tiempo para visitar a mis familiares. Disfrazado tenía que ir para que no me reconozcan ni los terroristas ni los sinchis”, cuenta.

Primitivo recuerda sus días de juventud en Ayacucho y vuelve a sentirse triste, pero insiste en que es necesario dibujar para no olvidar. Su hija Venuca Evanán sigue la tradición en el taller de Las Delicias. Ella y toda su familia han aprendido a preparar la madera (que puede ser Cedro o Tornillo, porque son duras y no se pican), hacer los dibujos y utilizar las tierras de colores que su papá trae de Sarhua para pintar las tablas.

“Las nuevas generaciones no conocen lo que pasamos. Ahora casi todas las tablas que pintamos son de nuestras costumbres, de nuestras festividades. Pero es nuestra historia, está ahí y no debemos olvidar”, dice el artista que algún día quiso ser matemático, incluso ingresó a San Marcos. Para él, sus dibujos refuerzan la memoria de los familiares de las víctimas que aspiran a recuperar el cuerpo de sus seres queridos para enterrarlos y cerrar el ciclo de duelo. En tanto, el único recuerdo vivo está en las “Tablas de Sarhua”.

Marcelo Puelles
Redacción

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