Las razones detrás de la discriminación

Racismo, machismo, xenofobia… existen muchas maneras de discriminar a los demás. Todas igualmente dañinas y destructivas. Discriminación ha habido siempre en la historia de la humanidad pero… ¿es inevitable que siga habiéndola? ¿Cuáles son los motivos por los que algunas personas discriminan a otras? ¿Qué se esconde detrás de la discriminación racial, el rechazo a los extranjeros, a quienes no tienen nuestra misma edad o condición social, o hacia quienes piensan de otra manera?

| 09 noviembre 2016 08:11 PM | Crónica | 4.1k Lecturas
Las razones detrás de la discriminación
Qué razones hay detrás de la discriminación
Por: Mariana Del Rosal
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Miedo a lo diferente

Seguramente, la razón más importante detrás de la discriminación (cualquier tipo de discriminación) radica en temerles a quienes son distintos a nosotros, o a quienes presumimos distintos. La diferencia y el desconocimiento son vistos como una amenaza: “Si alguien no es como yo, no piensa como yo o no se ve como yo, tal vez quiera dañarme”. Por supuesto que esto no tiene ninguna correlación, pero a veces resulta más sencillo alejarse de los que parecen distintos, o directamente rechazarlos, que intentar conocerlos en profundidad.

Ignorancia y prejuicios

A veces detrás de la discriminación están los viejos prejuicios, las creencias que se repiten una y otra vez sin ponerse a pensar por un momento si habrá algo de verdad detrás de ella. Extender las acciones de una persona o de un grupo a un colectivo al asociar a los musulmanes con los terroristas, por ejemplo. O a los gitanos con los ladrones. O sostener que las mujeres rubias son poco inteligentes. Este tipo de discriminación aparece en formas muy sutiles, como los chistes. Pero es muy peligrosa porque se extiende y se fortalece con cada pequeño comentario.

Inseguridades propias

Otro motivo detrás de la discriminación es esconder las propias falencias, las dudas sobre nuestra capacidad o las frustraciones culpando a otros. Si me va mal, es más fácil echar las culpas afuera que ver en qué estoy fallando. Por ejemplo, es más sencillo atribuir mi empleo mediocre a los inmigrantes que a mi poca calificación para un mejor puesto. O despreciar al buen estudiante en lugar de observar cuántas horas estoy dedicando yo mismo a mejorar mis calificaciones.

La discriminación se basa, en todo caso, en poner el ojo en diferencias a menudo superficiales (el caso más emblemático es el del color de la piel), dejando de lado todo lo que con el otro tenemos en común, siquiera porque todos somos seres humanos. Y resulta dañina para el discriminado, claro, pero también para el que discrimina, ya que lo aísla, lo limita, le impide crecer.

¿Y qué salida tenemos entonces? En un momento de la historia donde el hombre más poderoso del mundo ha llegado a la presidencia culpando de los problemas del país a los inmigrantes, despreciando a los extranjeros y a toda una religión, y menoscabando a las mujeres, es hora de echar un ojo sobre nosotros mismos y reconocer cuándo también tenemos gestos o actitudes discriminatorias. Porque identificarlas es el primer paso para erradicarlas de una vez por todas.


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Fuente: > Mariana Del Rosal
La Primera Digital

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Colaborador 9324 La Primera Digital