Yo vi al otro Papa

Era el verano de 1985, el primero de febrero de ese año exactamente, cuando papá dijo que todos debíamos ir a ver al Papa Juan Pablo II, amigo del renunciante Santo Padre Benedicto XVI, quien dejará el pontificado este 28 de febrero.

| 12 febrero 2013 12:02 AM | Columnistas y Colaboradores | 603 Lecturas
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Salimos todos, muy temprano de casa, hacia el centro comercial ubicado entre las avenidas Javier Prado y Aviación; pero llegamos cuando miles y miles de chicos, grandes, viejitos, viejitas ya esperaban a Juan Pablo II, quien en aquel tiempo tenía ya la fama de ser peregrino. No sé de dónde habían salido las banderitas amarillas, pero todos teníamos una y gritábamos “Totus Tuus”, “Totus Tuus” (Todo Tuyo), que era la consagración a la Virgen del Papa Juan Pablo. Yo tenía en aquel tiempo menos de siete años de edad y, entre tanta gente y por el calor insoportable de aquel verano, le dije a papá: “Quiero volver a casa”. Él me miró con sus ojos enormes. No me dijo nada, pero entendí que debía quedarme a ver al Papa. Había mucha gente vestida de blanco, mucha gente que rezaba soportando los rayos del sol inclemente. Se notaba mucha felicidad. La gente seguía llegando a la avenida Javier Prado y las tribunas improvisadas aguardaban con la tranquilidad de una iglesia. Casi en todas las casas de la avenida Javier Prado los vecinos habían pegado la foto del Papa, en carteles gigantes. Los ambulantes hacían su agosto en febrero vendiendo rosarios, vinchas, fotos, almanaques, helados. Esperamos horas enteras y sentíamos a cada instante que ya estaba a punto llegar. De pronto apareció bien custodiado en su Papamóvil. Yo lo seguí con la mirada y lo habré perdido luego de 30 segundos de verlo. La espera valió la pena. Volvimos a casa con alegría, como purificados de tantas cosas.


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