¿Y tú, por qué compras ese periódico?

¿Por qué comprar un periódico que perjudica al que lo lee? Tengo un abanico de posibles respuestas. Algunos prefieren aquel periódico porque les gusta adornar la mesa sentimental con la fachada de un nightclub; ‘¡calatas a mí!’ es el grito de guerra que se traslada desde el quiosco a la casa; es tanta la publicidad de las ‘kinesiólogas’ que bien podrían forrar todos los cuadernos que se usan en las grandes unidades escolares. ¡Recicle, ponga el celofán y se ahorra millones, ministro Chang! En ese periódico se urge un cartel en sus portadas que diga “prohibido la venta a menores de edad so causal de aborto, paternidad irresponsable y contagio de enfermedades”, ojo con eso, Garrido Lecca. Digamos que se tomó muy en serio el ‘tu amor es un periódico de ayer’ de Lavoe. O les gustará leer su editorial televisivo de un redactor que se cree ‘ave’; la noticia principal viene de la escuela ‘Urraquismo’, un doctorado de ‘cómo darle chamba a las bataclanas y a las que dejaron de serlo también’; más honesto es comprar un tabloide que a cambio te dé un cupón de fideos, como dijo mi tía Camucha. Otros compran periódicos para sentirse un yuppie redomado del siglo ‘21’ atolondrándose ante la oferta de columnistas soporíferos. Hay quienes compran periódicos para quedar atrapado en la telaraña conservadora del súper combo mediático Miró Quesada. Estimado Malapalabrero, ¿por qué gastarse una ‘china’ o más en cortinas encubridoras que tarde o temprano infestará el seno familiar rociándolo de insensibilidad social. ¿Desde cuándo se viene olvidando esto de que uno es lo que lee?

Por Diario La Primera | 14 jul 2008 |    

 


    Luis Torres Montero

    Luis Torres Montero

    Malas palabras

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