¿Y si Chávez hubiera perdido?

¡Cómo habría gozado la derecha recalcitrante! Los titulares de los principales medios, que ahora le dedican párrafos secundarios en las páginas interiores al triunfo chavista, resaltarían un “Triunfo de la democracia en Venezuela”. Sesudos analistas internacionales, que ahora guardan silencio, no se hubieran cansado de señalar que la cosa ya se veía venir y que los gobernantes populistas siempre terminan enredados en su propia telaraña llena de demagogia; y no pocos editorialistas vaticinarían que Ollanta ya quedaba fuera de juego para las elecciones del 2011. ¿Y qué habría declarado García? Con voz solemne y felicitando el comportamiento democrático del pueblo de Venezuela, no hubiera podido ocultar su íntima alegría y hasta pensaría que a lo mejor podían regresar al poder los “adecos” y, prescriptos los juicios por corrupción, hasta su propio compadre sería recibido en olor a multitud. ¿Acaso no era él mismo un ejemplo de que se podía?

| 20 febrero 2009 12:02 AM | Columnistas y Colaboradores | 510 Lecturas
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Volviendo a la realidad, tenemos que reconocer en Chávez la terquedad y la audacia tan útiles para saber propinar- en democracia- derrota tras derrota a sus opositores y a los poderosos enemigos que los apoyan. En Venezuela el voto es voluntario, que como se sabe generalmente forma parte del abecedario propuesto por los liberales fundamentalistas en oposición al voto obligatorio que califican como un ardid que favorecería a los proyectos populistas y caudillistas. Por eso mayor mérito de la victoria de Chávez, en el campo y con el propio reglamento de sus adversarios. Y, también, el chavismo- desde antes de la crisis económica mundial- ha venido derrotando a quienes propugnaban que el rol de los gobiernos debería reducirse al mínimo necesario para que funcione la supuesta panacea del llamado libre mercado, es decir, de quienes interesadamente han planteado subordinar la política a la economía. ¿No es poca cosa, no?

Sin embargo, para que todo no sea reventazón de cuetes, nos parece excesiva la concentración de poder, y de imagen, de la rica experiencia y propuesta a favor del cambio en Venezuela en la exclusiva y excluyente figura presidencial. En estos casos, lo sucedido en otros países aconseja ser cuidadosos con los círculos íntimos y los ayayeros de siempre.

Por último, y en los que directamente nos concierne, durante las elecciones del 2006 en nuestro país, la impertinencia y la intromisión de Chávez claramente perjudicó la candidatura de Ollanta y favoreció a la de García. Por eso, fraternalmente y en su momento, lo mandamos al carajo.

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Carlos Tapia

Opinión

Columnista