Y no nos damos cuenta

De pronto, después de una faena agotadora de como doce horas de trabajo de “nueve a nueve”, Esther se puso a reflexionar en los días que pasan y nadie sabe cómo llegó a pensar que todo el tiempo, a cada hora, a cada minuto, ella espera algo.

| 26 julio 2011 12:07 AM | Columnistas y Colaboradores | 517 Lecturas
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Siguió pensando en el asunto y llegó a la conclusión de que todos, absolutamente todos estamos a la espera, y así después de reflexionar cerca de una hora, soltó una frase acercándose a la ventana de su departamento solitario en un cuarto piso: “Esperar es lo que más hacemos y no nos damos cuenta”.

Quiso escribir aquella frase en su cuaderno en el cual tiene guardadas algunas sentencias que de libros y revistas sacó antes de que se pusiera a trabajar tantas horas al día, antes de que la abandonara su esposo, pero se arrepintió porque creyó que la frase no valía la pena.

Sin embargo, volvió a repetirla mirando desde su ventana la esquina por donde su esposo había doblado aquella noche en que se pelearon por algo que ahora considera una “huevada”. “Esperar es lo que más hacemos y no nos damos cuenta”.

Siguió pensando y se dio cuenta que espera que su esposo vuelva pronto, que espera que las cosas mejoren en el trabajo, que este gobierno no se siga derechizando, que la bulla en el piso de abajo se apague, que no haga tanto frío mañana, que más tarde...

Esther apenas tiene 30 años de edad y siente que ha vivido como sesenta. El invierno la ha puesto al borde de la tristeza y el abandono de su esposo la ha empujado a la melancolía. No tiene hijos, pero espera embazarse algún día.

Desde su ventana, ve que en el parque una pareja de enamorados se confunde en un beso; y más allá otra pareja juega con unas flores, y en ese instante se siente más sola que nunca. Siente que le falta algo y la espera la envuelve de pies a cabeza en un torbellino de angustia que la hace pensar sobre el sinsentido de su existencia.

Esther sigue reflexionando en su ventana. Prende un cigarrillo y dice: espero que no se acabe este pucho, espero que esos giles se vayan ya del parque, espero que aún haya pollo a la brasa en la esquina, espero dormir bien esta noche, espero despertarme temprano, espero que vuelva, espero que siquiera llame esta noche.


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