Y mi palabra es la ley

Hubo una vez (como en los cuentos), en que intentando conjurar la amenaza de una huelga del SUTEP, nuestro locuaz presidente anunció, solemne, que hacía suyo el Proyecto Educativo Nacional elaborado por el CNE, convirtiendo sus lineamientos en política de Estado.

| 03 marzo 2009 12:03 AM | Columnistas y Colaboradores |518 Lecturas
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A juzgar por lo efectuado desde entonces, nada hubo que mereciera considerarse una efectiva política de Estado, sistémica, coherente y con alcance estratégico. Una genial caricatura de los inicios de este gobierno, donde el presidente, usando la mesa del Consejo de Ministros como pista de bolos, lanza sorpresivamente uno, etiquetado como “Evaluación Docente”, a la cabeza de su distraído ministro de Educación, sorprendiéndolo con tan contundente “medida”, da cuenta de cómo y quién ha ido marcando la pauta en esta desventurada cartera.

Ahora lo confirmamos otra vez: tras advertirnos de una curiosa “revolución silenciosa”, supuestamente en marcha, y tal vez informado ya de lo discutible de los referentes propuestos (la ya aludida evaluación docente -de tan incierta calidad y efectos-; una capacitación de pésima reputación entre los propios docentes, etc), García vuelve a la carga lanzándonos, jocundo, dos nuevos bolos: La creación del Colegio Mayor Secundario del Perú y la conversión de las ex Grandes Unidades Escolares (47 en total) en centros educativos a los que sólo se podrá acceder por concurso. Para mayor seguridad de su excelencia -dijo Su Excelencia-, las dirigirán “rectores de universidades de prestigio”… No entendemos la razón del súbito anuncio cuando nada de eso podrá materializarse en este año escolar, y dudamos de su viabilidad posterior, aún cuando fuera –salvo que siga creyendo que su palabra es la Ley- por razones tan elementales como que la Ley General de Educación vigente prohíbe concursos de admisión como el anunciado y reserva la gestión de los centros escolares para especialistas en pedagogía, o porque -digámoslo con toda franqueza- no sabemos dónde –en nuestro país, en que el estatus universitario se halla tan devaluado- hallaría 47 “universidades de prestigio”, con rectores idem (dispuestos además a cambiar, altruistas, sus ingresos por el de los directores de colegio), tras el colapso académico que su privatización ha ocasionado, sin que los responsables del sector educativo, empezando por el ministro Chang, dueño de la UPSMP, digan esta boca es mía.

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Zenón Depaz Toledo

Zenón Depaz Toledo

Opinión

Columnista