Voz hablada

Basta oír las extraordinarias voces de sopranos y tenores para comprobar que su perfección es el producto de exigentes ejercicios y cuidados tanto físicos como emocionales. La voz cantada exige, además del talento y del equipamiento, esta preocupación por su mantenimiento y desarrollo. La voz hablada es más común y por cierto requiere de menos cuidados por la mayoría de nosotros salvo en aquellos que trabajan con su voz, me refiero a oradores, profesores, locutores, actores, principalmente.

| 02 octubre 2011 12:10 AM | Columnistas y Colaboradores | 1.2k Lecturas
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El objeto principal del habla es la comunicación y por tanto que lo que se quiera decir se entienda, propósito que depende en mucho de la construcción del mensaje, de su claridad y concreción pero en buena medida depende también del cómo se habla, es decir, de la pronunciación y del volumen, de la voz hablada. Es fácil comprobar que cada vez se nos hace más difícil entender a los demás cuando nos hablan. El habla se va distorsionando, se apocopa, se reemplaza por sonidos y por gestos guturales. Me temo que se esté volviendo cada vez más simiesca.

“Carla te llama Jorge” “¿araqué?” por “¿para qué?”, “Oé, tas traendo la inta amaría” por “Oye, estás trayendo la cinta amarilla” ¿Qué está sucediendo con el habla entre nosotros? Hace unos días escuchaba a un buen amigo, cuya pronunciación, debido a la velocidad con que habla deja mucho que desear, hablaba por teléfono con su hijo, heredero por cierto de estas virtudes, hablaban con el teléfono en altavoz por lo que pude oír la conversación completa. Cuando terminó le pregunté si de veras se habían entendido y me aseguró que sí, respuesta que atribuí en ese momento al amor entre padre e hijo, porque lo que yo escuché con claridad fue un intercambio de sonidos masticados y monocordes entre los que no pude reconocer palabra alguna. Así están las cosas. No solo la pobre o mala pronunciación que ensucia el mensaje sino también la falta de palabras que lo hace incomprensible. En una clase un alumno detiene su exposición porque no encuentra las palabras para decir lo que quiere y a mí me parece que no es que no las encuentre sino que no las conoce.

Esta pobreza tanto en el vocabulario como en la pronunciación se agrava en buena medida a partir de la comunicación mediática, vale decir por lo que se escucha tanto en la radio como en la televisión. Son pocas las ocasiones en que escuchamos un programa que cuide las formas en estos temas. La más de las veces escuchamos una enorme pobreza léxica y también un sinnúmero de palabras mal utilizadas cuando no mal pronunciadas. Otra vez la palabra y la pronunciación pero esta vez expuestas y acompañadas de “información” o de “diversión”.

Quizás podamos demorar la desaparición de la voz hablada retomando la paciente práctica de leerles cuentos a nuestros hijos y también por hacernos el propósito de pronunciar todas y cada una de las silabas de una palabra al pronunciarla. Si durante unas pocas semanas practicamos estas dos actividades con constancia es muy probable que veamos y sobre todo, escuchemos los beneficios conseguidos al hablar.


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Jaime Lértora

¡Habla Jaime!

Columnista

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