Voto de pobreza

Giambattista Vico escribía en La scienza nuova, en el siglo XVIII, sobre el corsi e ricorsi de la historia, para explicar su filosofía de que nunca terminaba y que se desarrollaba en una especie de espiral, que de alguna manera volvía a sus ciclos originales.

| 01 diciembre 2011 12:12 AM | Columnistas y Colaboradores | 1.1k Lecturas
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Algo así deben imaginar quienes se oponen a un mundo sin minerales. La preocupación por el medio ambiente surgida por causas razonables en los noventa, ha derivado en algunos casos en posturas extremas como aquellas que han puesto en el blanco a la minería. En nuestro caso el tema es particularmente delicado porque somos por siglos un país minero. La metalurgia prehispánica llegó a niveles excepcionales y las miles de toneladas de oro y plata llevados de América a Europa fueron el motor del capitalismo como modo de producción planetario.

Es cierto que el modelo de enclave practicado desde fines del siglo XIX fue en gran parte abusivo, dañino para el medio ambiente y desconectado de la economía interna. La situación empezó a cambiar con la mejora de la legislación ambiental y la aplicación de políticas que demandan criterios de responsabilidad social por parte de las empresas.

La estabilidad macroeconómica afianzada desde la recuperación de la democracia ha permitido que el Perú crezca a un ritmo sostenido y que la inversión se multiplique. De aquí al bicentenario de la República se esperan inversiones por cincuenta mil millones de dólares, que permitirían que el Perú sobrepase a Chile en el porcentaje de participación en el producto minero mundial.

Las mayores inversiones han aumentado también la agitación de corrientes antimineras. Confluyen en ellas desde émulos de Antonio Conselheiro declarando la guerra del fin de mundo, agitando cruces y sotanas contra el oro malvado, hasta exmarxistas convertidos en talibanes de la Ecología. Unos y otros coinciden en la defensa del mundo bíblico. Su perspectiva no resiste el menor análisis, pues su “oposición radical” a un mundo sin metales acabaría con ellos mismos.

Resulta penoso que con los avances tecnológicos que permiten que la minería conviva con la preservación ambiental y el desarrollo agropecuario, en nuestro país se haya desatado un conflicto absurdo que no se da en ninguno de nuestros vecinos. Chile vive de la minería y todos los sectores del espectro político no solo tienen conciencia de ello sino se sienten orgullosos de que así sea. En Bolivia y Ecuador los gobiernos de Rafael Correa y Evo Morales pusieron rápidamente en vereda a los extremistas antimineros.

El peligro en el Perú es que la tozudez de los que defienden una economía premoderna detenga el desarrollo, pare la inversión e impida que se creen fuentes de trabajo. Es decir frenen la inclusión social.

La reacción antiminera no se da cuenta que las inversiones podrán irse a Chile, Colombia, Ecuador o Bolivia, donde les ofrecen más y mejores garantías, dejándonos en la pobreza.


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