Volvió Carmencita Montoya

Carmencita Montoya había llegado al trabajo con la misma tristeza de todos los días, que se notaba desde lejos.

| 31 enero 2013 12:01 AM | Columnistas y Colaboradores | 683 Lecturas
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Sintió unos malestares estomacales y luego, curiosamente, no podía mover los brazos con facilidad y se dio cuenta que estaba sudando frío. Entonces llamó al seguro de salud privado a fin de que un médico le diera una pastilla para continuar su jornada y este le puso una inyección con la promesa de que se recuperaría pronto. No fue así, Carmencita Montoya sintió que no podía mover las piernas y que estaba entrando poco a poco en un sueño profundo. Vio la sonrisa de su madre en Madre de Dios, sintió la extraña felicidad del primer beso en la boca, vio a su padre llevándola en sus brazos a la tienda por un chocolate sublime. Mientras tanto, sus compañeros intentaban despertarla de todas las formas posibles, alguien gritó atrapen a ese médico asesino, llamaron a la ambulancia del hospital más cercano, la jefa de recursos humanos empezó a gritar como loca, todo el edificio bajó a la oficina de Carmencita Montoya. Ella, sin embargo, se paseaba por los vericuetos de un sueño tranquilo, como en un camino apacible con calorcito y viento fresco. Vio a su abuelita mirarla con ternura amazónica y a su tía Bernardina diciendo que la quería con todo el corazón. Sintió un beso de su hermano Doroteo en la frente y la calidez del abrazo de su amigo Sandro. Sintió que era la primera vez que estaba tan cerca de la felicidad. Sus amigos, sin embargo, estaban llorando tratando de despertarla. Su jefe miraba la escena paralizado por el miedo y hasta sus enemigos de la oficina estaban rezando para que despertara ya. De pronto, volvió en sí, asustada, con la misma tristeza de todos los días, con un fastidio enorme, y sus compañeros de trabajo regresaron poco a poco a la tranquilidad rutinaria y apacible de todos los días.


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