Volver al Sur

“En Perú” me dice el chofer de taxi que he tomado, y yo adivino que ha pasado mucho tiempo fuera de la patria. El nombre correcto de la nuestra es “el Perú”, pero los peruanos que viven afuera se copian de los extranjeros. Se lo pregunto, y me responde afirmativamente que vivían en Miami y que ha regresado a la santa tierra.

Por Diario La Primera | 05 agosto 2012 |  2k 
Volver al Sur
La crisis económica por la que atraviesa el mundo desarrollado impactó primero sobre los más pobres, los inmigrantes ilegales.

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Durante la última década, debido al hecho de vivir en los Estados Unidos, he sido testigo del asombroso fenómeno migratorio y de la injusticia brutal que se ejerce contra hombres, mujeres y niños que llegan a ese país en busca de vivir una nueva oportunidad.
2011  

Con él, ya voy contando doce en esta semana. La mayoría de ellos viene de España. ¿Qué pasa? ¿Es éste un milagro de Sarita Colonia?

Lo mismo está pasando en otros países del continente. La crisis económica por la que atraviesa el mundo desarrollado impactó primero sobre los más pobres, los inmigrantes ilegales, nuestros paisanos de ésta y de las otras naciones de América Latina. Ahora regresan.

Hacen ellos de nuevo el mismo camino, pero al revés. El viaje hacia el norte fue la gran prueba de su vida. En promedio, uno de esos viajeros murió cada día durante todo el año pasado por causas entre las que se mencionan con la violencia del Río Bravo, el asalto de bandidos carniceros, las tormentas de viento que extravían al caminante y las arenas infernales del desierto de Arizona, donde no es posible hallar agua en varios centenares de kilómetros y el sol quema e incinera hasta los sueños.

Volver al sur representa, sin embargo, para ellos la falta de puestos de trabajo, el hacinamiento miserable, la perversidad de la pobreza, la escasez de amor. No es raro que en esas condiciones, vacíos de cualquier apoyo en la tierra que pisan, los inmigrantes reclamen el amparo del cielo y hasta diseñen santos con quienes pueden hablar de igual a igual porque se les parecen en todo.

Creo que les he hablado de algunos de estos íconos. El primero es San Jesús Malverde, un bandolero celestial. También abogan por los ilegales, Teresita Urrea que murió en 1906, pero suele aparecerse y asustar a los guardias fronterizos, y el niño Fidencio, a quien parece interesarle mucho la política porque debeló un golpe de Estado y curó de hemorroides a un presidente de México.

No lejos de ellos, se desliza la Santa Muerte. La representan con un esqueleto sobre el cual los discípulos han colocado una regia vestimenta. Si usted desea un servicio suyo, se le aconseja que deje en la mesa de noche hoy antes de dormir una vela prendida y un vaso de vino tinto seco, si es posible un Cabernet Sauvignon, y una carta en la cual usted le cuente sus problemas.

Durante la última década, debido al hecho de vivir en los Estados Unidos, he sido testigo del asombroso fenómeno migratorio y de la injusticia brutal que se ejerce contra hombres, mujeres y niños que llegan a ese país en busca de vivir una nueva oportunidad. El derecho a la búsqueda de la felicidad, consagrado en la constitución norteamericana, los ampara, pero el racismo y la ferocidad hacen de ellos una víctima fácil.

No regresan al Sur porque estén confiados en que la situación económica haya variado sustancialmente en sus países. A través del Internet, leen las noticias o devoran las cartas que les envían los suyos. Saben por ejemplo que las asombrosas cifras económicas mostradas como un milagro frente al mundo evidencian un progreso para las grandes empresas, pero no necesariamente para el ciudadano común y corriente. Saben también que en un país como el nuestro, el Perú, se hallan la minas de oro más ricas del mundo, pero que un buen porcentaje de los peruanos que viven cerca de las mismas padece altos índices de desnutrición. Saben también que la seguridad social y la jubilación fueron reducidas a su mínima expresión por los gobiernos neoliberales.

Vuelven al sur sin embargo porque si en los países industrializados existen sistemas de seguridad social, en el Perú existe otro sistema que no ha sido superado, y que es el amor y la solidaridad de la familia.

En las fronteras que antaño cruzaron, los protegió Sarita Colonia. Muchos me han mostrado durante estos años su imagen de colores ingenuos y me han dicho que los hizo invisibles frente a los guardias de la frontera. Ojalá que ella los proteja ahora en un país que promete la “ inclusión” y parece olvidar la frase “justicia social”. Creo en Sarita porque creo en la santidad de los pobres, y creo en la esperanza que ella ofrece para los que comen ilusiones en los caminos del mundo.

Referencia
Propia



    Eduardo González Viaña

    Eduardo González Viaña

    Crónica

    Colaborador

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