Volver a las fuentes

El gobierno se debate en gruesos dilemas en tanto sostiene a un gabinete que le ha ocasionado múltiples problemas que todavía no se sienten en la popularidad del mandatario.

| 11 mayo 2012 12:05 AM | Columnistas y Colaboradores | 814 Lecturas
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La guerra en el Vrae no es contra un puñado de narcoterroristas, es contra el narcotráfico que es un poder mundial instalado que no dejará fácilmente que le arrebaten territorios de producción privilegiada de su materia prima. Y en esta dimensión debe ser pensada la confrontación en la cual las frágiles fuerzas combinadas llevan las de perder frente a un gran poder económico y militar que ha puesto todo un gran país como México en el disparadero de la violencia generalizada.

No estamos como México o Colombia pero el Perú ya está ocupado en amplias zonas por el poder narco y para erradicarlo se necesitarán operaciones de verdad impecables. Más soldados y policías mártires abundarán en la pérdida del sentido de la realidad frente a esta guerra no convencional dentro de la cual la renuncia de dos ministros podría ser sólo una anécdota. El gobierno requiere asesoría política y militar de altísimo nivel, de experiencia internacional, para afrontar este problema inmenso más por el narcotráfico que por el terrorismo a su servicio. Que los ministros jaqueados hayan optado con buen sentido por la renuncia podría ser solo el preámbulo de algo peor si no se asume el problema en su dimensión real.

Otro tema es la unidad de la bancada de gobierno en el parlamento. La cohesión de los 47 congresistas surgidos de la primera vuelta es un deber. Si Humala la pierde tendrá mayor fragilidad ante el embate de una derecha que quisiera empujarlo a decisiones equivocadas y controlar el gobierno. El soporte del toledismo sigue siendo esencial y toca al mandatario reformular un gabinete que le está dando más dolores de cabeza que el de Lerner al que sin embargo aplicó un tratamiento rápido sin anestesia.

Junto a los malos resultados de estos últimos tiempos está la necesidad de Humala de volver a las fuentes. Falta demasiado tiempo de gobierno para darse el lujo de la desorientación. La población apostó por el cambio, los medios derechistas aplauden el abandono de la hoja de ruta mientras Lerner y sus ciudadanos por el cambio rompen palitos para mirar al 2016. Da la impresión que estamos perdiendo de vista algo esencial. En el Vrae reformular la estrategia atendiendo la dimensión global del poder del enemigo. En lo político recuperar el centro sin concesiones a los extremos.

Y en este objetivo la izquierda debería reconsiderar posiciones y colocarse en el apoyo crítico si no quieren empujar por walk over al gobernante hacia la derecha. Se trata de proporcionarle una cantera de personajes que le permitan sostener el pragmático equilibrio centrista de la Hoja de Ruta. Que Humala al reordenar su gabinete vuelva al punto de partida para apostar por cuadros que junto al manejo de gestión pública tengan alcance e influencia en organizaciones populares, movimientos regionales y universidades.

La izquierda que permanece en el gobierno, Roncagliolo, Campodónico, Trivelli, lo está haciendo bien. Buen manejo macroeconómico más efectiva política de inclusión social y sobre todo un tratamiento eficaz y dialogante de los conflictos sociales, darán nueva fuerza y aliento a un Humala que hasta el momento ha logrado colocarse por encima del deterioro. No sabemos por cuánto tiempo más.

No estamos ante el Humala de La Gran Transformación pero tampoco ante un gobierno de derecha. Moderado, sin fundamentalismos ni fujimorismos, el presidente debe apreciar que el tiempo de Oscar Valdés se acaba. Su salida es una oportunidad.

PD. Mi solidaridad con Juan Carlos Tafur. Necesitamos de periodistas independientes como él, independencia que no debe ser afectada por venganzas personales.


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