¡Vive! Astuquillca: coraje y valor

Con municiones restringidas, dudosas raciones de combate y pese a decisiones del Comando que parecen apuradas para la platea, un policía peruano, herido y maltrecho, ha llegado por sus propios medios (según primeras informaciones) hasta Kiteni.

| 30 abril 2012 12:04 AM | Columnistas y Colaboradores | 1.4k Lecturas
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Luis Alberto Astuquillca con uno de los muslos atravesado por una bala narcosenderista no ha sido liberado ni rescatado. Astuquillca no dejó de caminar durante más de quince días, con la pierna sangrando, esquivando minas y disparos subversivos desde que fue herido por los narcoterroristas en una emboscada al helicóptero de la Policía desde el que se deslizó por una cuerda para internarse en la selva con su compañero el suboficial César Vilca Vega, aún desaparecido.

De confirmarse todo lo que se viene informando de forma preliminar, tres cosas se desprenden de inmediato de esta feliz noticia:

1.- Como sucedió con los rehenes, no fueron las decisiones del Comando las que lograron su libertad. Si acaso anunciar por comunicado de prensa el envío de tropas a la zona puso presión a los narcoterroristas o más bien puso en peligro la vida de los trabajadores de TGP.

El hecho es que durante las varias horas que los rehenes caminaron para llegar a Kiteni, contaron que jamás se cruzaron ni por casualidad con algún policía o soldado. De igual forma, Astuquillca parece haber caminado, sola su alma, durante más de quince días, por la intrincada selva, sin alguna mano amiga militar o policial.

Uno no puede dejar de preguntarse entonces, cuál es el grado de inteligencia mínima que el Comando está usando para sembrar policías y soldados en busca de los narcoterroristas y de los policías desaparecidos. Con qué información de inteligencia tomaron las decisiones que han terminado en la muerte de al menos 6 policías y militares, y que no parecen dar ni por azar con los narcoterroristas.

Es cierto que no es comparable con las herramientas del periodismo pues el terruco sabe que el periodista no revelará la fuente por principio, ni el contacto que permite el encuentro, pero queda claro que hasta el momento el Comando no parece darle a una.

Queda la sensación, más bien, de que hay mucho de alharaca mediática en la supuesta estrategia militar-policial, de decisiones aparentemente apuradas para los medios y que podrían ser la causa de las muertes de los policías y militares. Esas autoridades tendrán que responder por sus actos y decisiones.

2.- El policía peruano entrenado, como Astuquillca, es un héroe. No solo porque logra sobrevivir a los ataques cobardes y arteros de los terroristas-narcotraficantes sino porque debe remontar la corrupción, desidia e indolencia de algunos de sus ‘señorones’ superiores que saquean a la institución, que le roban a su propia gente y la mandan como carne de cañón con armamento obsoleto, con las balas contadas, cuando no con raciones de comida que según una encuesta de la Contraloría, más del 80% desecha porque les da dolores de estómago o sabe a porquería [1].

3.- Los terroristas como Martín Quispe Palomino, alias camarada “Gabriel”, mienten con descaro cuando utilizan su verborrea senderista para captar a sus incautos adeptos, cuando no los secuestran y lavan sus cerebros y les roban sus vidas. Los terroristas mienten asquerosa y cobardemente como cuando el narcoterrorista “Gabriel” dijo ante cámaras que a “esos perros chilenizados” los habían “aniquilado”, refiriéndose a los dos policías desaparecidos.

Dijo el perverso “Gabriel” que “como se resistían, porque así los han educado, los hemos aniquilado y quitado sus armas”. Levantando la voz y haciendo gestos aspaventosos, el narcoterrorista -sabemos ahora gracias al documento fílmico periodístico- solo fanfarroneaba, adjudicándose supuestas “victorias” mortales.

Ya si su limitado discurso mezcla de enrevesado senderismo-etnocacerismo y sus esfuerzos gestuales lo hacían ver como un estrafalario émulo del líder de sus fantasías, la supervivencia de Astuquillca lo deja, además, como un desesperado perro guardián de sus rutas de narcotráfico capaz de decir cualquier cosa con tal de que las fuerzas del orden abandonen lo que él considera sus predios.

4.- Se reavivan las esperanzas de que el suboficial César Vilca Vega siga con vida y aparezca, ojalá, como lo ha hecho Luis Astuquillca.

Por último, y no menos importante, esperemos que el presidente Humala tenga el buen tino de no volver a vestirse de militar o intentar una “photo opportunity” con el auto-liberado Luis Alberto Astuquillca. Y más bien, de una vez por todas, diga algo sobre lo que se está haciendo en el VRAE, no solo con nuestros policías y militares, sino con los planes de llevar país e instituciones a esa zona desligada y abandonada del Perú y ganada por el narcoterrorismo. Ya son tres semanas, hay por lo menos seis militares y policías muertos, decenas de heridos y el Presidente viaja fuera del país, recibe a estrellas en Palacio, da discursos de toda índole pero NADA sobre el VRAE.


[1] Encuesta en Base de Pichari en el 2010


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Claudia Cisneros

En voz alta