¿Visibles o invisibles?

Esta es la disyuntiva a la que nos enfrentamos cada día ¿Ayudarán nuestros comportamientos a hacernos más visibles? ¿Recordables? ¿O pasaremos el día sin ser percibidos, como un tiesto o cualquier otro objeto incapaz de llamar la atención?

| 04 noviembre 2012 12:11 AM | Columnistas y Colaboradores | 505 Lecturas
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Nuestro comportamiento, es decir lo que se ve de nuestra actitud, disposición, ganas y algo más, es lo que nos hace visibles, para bien o para mal. Las personas solemos recordar con más facilidad, por ejemplo, una muy mala atención recibida, el rostro de quien así de mal se ocupó de nosotros durará un buen tiempo en nuestra memoria y quizás, si lo sabemos, evocar su nombre nos provocará indigestión. Esa persona se volvió visible para nosotros, claro está que para mal. Por el contrario si recibimos una excelente atención, la persona que nos la ofreció será visible en nuestra memoria pero para bien. Nótese que en los dos casos me estoy refiriendo a situaciones excepcionales para resultar siendo ser visibles. Excepcionales, extremos, diferenciados, son estos los comportamientos que nos hacen más visibles. Lo contrario es la invisibilidad.

El comportamiento rutinario, aburrido, repetitivo, desganado y, siguiendo con el ejemplo, una atención formal, de procedimiento, aunque haya sido eficiente, si no lleva algo de singular, de excepcional, de diferente, hará de quien la ofrece una persona invisible. Recuerde sino las muchas ocasiones en que ha recibido una atención de este tipo, esa en la que usted fue por algo y lo obtuvo, no tiene queja alguna, incluso fue muy rápida y hasta cuando se despidieron de usted le dijeron: “Que tenga un buen día señor” y ahora intente recordar el rostro de esa persona, quizás ni siquiera recuerde si era hombre o mujer, ya que lo invisible no tiene rostro ni sexo.

Hablemos de cómo ser visibles para los demás, visibles y recordables, claro que para bien. La clave está en las ganas, aunque parezca poco, y no lo es, las ganas se ven y por tanto ayudan considerablemente a quien las siente a ser visible, a salir de las sombras. Las ganas son una manifestación del ánimo y a su vez el ánimo es el provocador de las ganas. Ánimo, agitación del espíritu, energía para llevar adelante nuestros propósitos. Estado que logra modificar el cuerpo y la voz, que nos permite estar más atentos y por tanto responder de manera más intensa a los estímulos recibidos. Para seguir con el ejemplo de la atención, podemos darnos exacta cuenta de a quién estamos atendiendo, de que ese alguien es único y diferente al anterior, que no es un número, que podemos hacerle de espejo y entonces añadir el factor diferencial, ese que hará que seamos visibles para él como lo es para nosotros su presencia.

¿Factor diferencial? No hay receta para esto ya que la interacción atenta requiere de espontaneidad, de singularidad y por tanto solo señalaremos, volviendo al inicio, a las ganas, se tiene que ver que estamos dispuestos, que nos provoca interactuar, atender, ayudar de verdad a quien nos lo solicita, de esa manera seremos más visibles y recordables, además, estoy seguro de que nos sentiremos mejor con nosotros mismos, lo que ya es bastante.


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Jaime Lértora

¡Habla Jaime!

Columnista

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