Villena se aferra al cargo

El ministro de Trabajo, José Villena, el famoso agresor de trabajadoras, tiene tan mala fama que si hoy fuera a comprar a un centro comercial, las cajeras le dirían: “Por favor, a la siguiente caja” y la otra cajera le diría: “A la otra caja, por favor”. El ministro no llegaría a la otra caja. Se exasperaría en el camino y tumbaría los estantes y quizá agarraría del cuello a la cajera y la sacudiría del brazo mirándola con sus ojos endemoniados. “¡¿No sabes quién soy yo?!” “¡¿Acaso no sabes que soy el engreído del excelentísimo señor ministro todopoderoso Miguel Castilla?!

| 07 diciembre 2012 12:12 AM | Columnistas y Colaboradores | 601 Lecturas
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Villena se ha ganado por mérito propio la invitación de irse a su casa. Es muy difícil que la opinión pública lo perdone, pese a que él lo pide de manera insistente y por televisión. La agresión a una trabajadora no es poca cosa cuando Villena es el responsable de velar por el buen trato a los trabajadores.

Él hubiese quedado, digamos, no tal mal, si al día siguiente hubiera puesto públicamente su cargo a disposición. Pero no. Él calló y siguió callando y la indignación por su acto siguió creciendo en diversos sectores y seguirá creciendo si él se sigue aferrando al puesto.

La verdad es que no quiere irse. Es una pena. Pobre Villena. Anoche dijo que la decisión de que se quede o no en el cargo es del Presidente de la República. O sea, le pone la pelota en la cancha del Presidente cuando lo que debe hacer es facilitarle su labor y renunciar. Es que no entiende que su presencia perjudica a la imagen del gobierno. Tal vez sí entiende y no le interesa malograr la imagen de la gestión de Ollanta Humala con tal de quedarse en el cargo. Villena se ha convertido en el colmo de un ministro de Trabajo por maltratar a una trabajadora.


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